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23 mayo 2014

Maestro Llakaria: Gran Vidente - Medium Competente

Hace unos días que no escribo y no es porque ya haya tirado la toalla, ni mucho menos, que vais a tener Lamb para rato. Es porque a pesar de que una hace un último esfuerzo para acabar la carrera y se dice, no voy a volver a estudiar en toda mi vida, apenas un año después, el Ayuntamiento de Pamplona saca una convocatoria para trabajadores sociales y no queda otra que volver a retomar los libros, desempolvar las coderas y sentarse en el sofá/cama/terraza/delante del escritorio/delante de la mesa de la cocina/debajo de un pino... para intentar aprenderse un montón de cosas y hacer una actuación digna. Para el que le interese (saberlo, no apuntarse, porque ya es tarde), la convocatoria es para crear una lista de trabajadores sociales que puedan cubrir las bajas, vacaciones de los ahora contratados. Sólo nos hemos presentado 700 personas, así que veo futuro. O quizás debiera de consultarlo con el Maestro Llakaria - Gran vidente medium competente. 

Esta mañana he llegado a casa, he abierto el buzón, -que no sé qué espero encontrar, a parte de facturas o cartas del banco, pero me hace una ilusión enorme mirarlo cada día- y me he encontrado con el papelito de la foto inferior. 


Os pido perdón por la calidad horrenda de la foto, pero es que está hecha con el móvil y odio las pantallas táctiles, más que nada porque no se llevan nada bien con mis huellas dactilares y o no me abre las pantallas o me abre todas a la vez y me lleva a un estado de desesperación horripilante. El caso es que cuando mi antiguo y maravilloso Nokia C6 con teclado extraíble murió, empecé a buscar uno con teclado de toda la vida en vez de táctil y sólo encontré (que tuviera un módico precio) un Samsung que cumple su labor a la perfección salvo por la pequeña pega de que tiene una cámara, sin flash, de 2 Mpx. Sí, habéis leído bien, así que no pidáis más. 

Pero volvamos al mini folleto. No se puede decir más en menos espacio. 

Especialista en el retorno inmediato de la persona querida, quitar mal de ojo y protección, cualquier problema de pareja, salud, los concursos, mejorar en el deporte, los negocios, impotencia sexual, problemas judiciales, familiares, de trabajo, exámenes, atracción de clientes para vendedores, protección contra todos los miedos, accidentes de la vida, ayuda a dejar el trabajo, alcohol y drogas de forma inmediata. 
Primero de todo, este señor no es gran vidente medium competente, ¡¡es el señor de los milagros!! Lo mismo vale para un roto que para un descosido. Y si eso fuera poco lo hace en 72 horas. No sólo hace milagros sino que además es más rápido que Usain Bolt. Pero a ver, a ver, me puedo creer que me ayude a dejar las drogas en 72 horas, que me arregle la impotencia sexual en 72 horas e incluso que me haga ser más ágil que una gacela y ganar la medalla de oro en las Olimpiadas en 72 horas, pero ¿arreglar problemas judiciales en 72 horas? ¡Ja, eso no se lo cree ni él! ¡Eso en este país pertenece a la ciencia ficción! Ahí la ha pifiado. 

Así que después de meternos esa trola cómo vamos a creernos que hace un "trabajo serio, con garantía y confianza". ¡No, hombre, nooo!

Ahora que, hay un par de cosas que no se le pueden negar al Maestro Llakaria. Por un lado que es trabajador de narices, porque eso de estar disponible los 365 días del año durante 14 horas al día... ¿Y todavía hay problemas en España? No hay esperanza, entonces. Empiezo a pensar que este señor debe de tener una vocación increíble. Eso o tiene problemas económicos y necesita trabajar tropecientas horas al día. ¿Será que puede que arreglar los problemas de los demás, pero no lo suyos? Mal fario.  

Y, por otro, que avaricioso no parece ser, porque con eso de "pagar después de resultados" rico no se puede hacer. Y confiado también, porque no serán ni uno ni dos a los que arregle sus problemas y luego no le paguen. Me gustaría saber qué tasa de éxito tiene. Él dice el 100%, pero no sé yo, eso no lo consigue ni Rafa Nadal y eso que es mucho Rafa. 

Eso sí, a pesar de que está redactado bastante mal, no tiene ni una sola falta de ortografía. ¡Ole Maestro!

08 mayo 2014

Cinco meses después y ya me ha costado

Mañana escribo, mañana escribo. Mañana, sí que sí escribo. Y me planto en mayo, cinco meses después, sin haber escrito nada. Porque si en algo soy buena es en la procrastination. 

Pues bien, esto se acabó. Hoy empiezo y en doblete. Por un lado retomo mis narraciones y reflexiones vitales. Por otro colgaré los comentarios de los libros leídos en las fechas en los que lo colgué en mi página de facebook. Que me da vergüenza decirlo, pero no es que no escriba, es que no escribo aquí. Así que si queréis leerme bucear en el blog, que habrá cosas nuevas en el pasado. 

Bueno, empiezo por una de mis últimas pasiones de la que hablé hace casi un año. El italiano. Y no sólo su lengua, sino su cultura al completo. Porque hay que admitir que soy un poco vaga a la hora de estudiar idiomas, pero me apasiona usarlos y zambullirme en la cultura del país de referencia, en este caso Italia. Mi mp3 está lleno de música italiana (dedicaré un próximo post a este tema), mi ordenador lleno de películas italianas, mi cocina llena de libros de recetas italianos y los ingredientes necesarios para hacerlas realidad. ¡Huy, cuántas ideas de post!

Bueno, vuelvo al tema. El italiano. La semana que viene acabo el 2º curso de la Escuela Oficial de Idiomas y la verdad es que me parece increíble lo mucho que he aprendido en sólo dos años. Y, sobre todo, lo afortunada que he sido porque me han premiado en todas las cosas en las que he participado. 

Empiezo por la primera. Cada año, la EOI hace un concurso literario en los que basándose en alguna de las 6 fotos que te dan tienes que escribir una historia de unas 100-120 palabras. El año pasado gané con un relato basado en esta imagen de la película francesa Le Ballon Rouge, dirigida en 1956 por Albert Lamorisse. El premio era un cheque de 100€ para gastar en material escolar. Le hice buen uso comprando un montón de libros en italiano, así que muchas gracias EOI por vuestro reconocimiento.

Os voy a colgar el relato que escribí (en italiano y en castellano). Sed indulgentes con los fallos de estructura y ortografía, que apenas llevaba 4 meses estudiando italiano cuando lo escribí. Espero que os guste. 

Il addio
 A Sandro non gli piaceva la casa come sembrava ora. La luce, che sempre inondava tutto, stava relegata per le ombre e i granelli di polvere nell' aria. I suoni di pentole in cucina, l'odore di risotto, di pizza, di cannoli, danzando per il corridoio, le allegre canzoni spesso canticchiate... Tutto era andato. 
“Andare? Dove?” 
Sua madre si inginocchiò davanti al suo letto, lo abbracciò e disse: "Nonna è morta", mentre gli bagnava il pigiama con le sue lacrime. 
Dopo il funerale gli avevano comprato un gelato e un grande pallone rosso, per intrettenersi, ma Sandro mancava terribilmente sua nonna. Così prese una foglia del taccuino che sua nonna utilizzava per annotare ricette e scrisse: Nonna, ho sentito che sei nei cieli. Spero che tu non ti dimentichi di me. Io non lo farò. 
Chiese al padre che svuotasse il palloncino, mise la carta e gli chiese di gonfiare un’ altra volta. Poi andò alla finestra e disse addio a sua nonna.  
Due giorni fa era stato svegliato di notte. Suo padre sussurrò: "Sandro, risveglia. Alzati. Dobbiamo andare. "

La despedida
A Sandro no le gustaba la casa como la veía ahora. La luz, que siempre lo inundaba todo, quedaba relegada por las sombras y las motas de polvo suspendidas en el aire. Los ruidos de las ollas en la cocina, el olor a risotto, a pizza, a cannoli danzando por el pasillo, las alegres canciones a menudo tarareadas… Todo había desaparecido. 
Hacía dos días que le habían despertado de noche. Su padre le susurró: “Sandro, despierta. Levántate. Tenemos que irnos.” 
¿Irnos? ¿A dónde? 
Su madre se arrodilló ante su cama, le abrazó con fuerza y le dijo: “la abuela ha muerto”, mientras le mojaba el pijama con sus lágrimas. 
Después del funeral le habían comprado un helado y un gran globo rojo, para que se entretuviera, pero Sandro la echaba terriblemente de menos. Así que arrancó una hoja del cuaderno que su ella utilizaba para apuntar recetas y escribió: Abuela, me han dicho que estás en el cielo. Espero que no me olvides. Yo no lo haré. 
Le pidió a su padre que desinflara el globo, metió el papel y le pidió que lo volviera a llenar. Después, salió a la ventana y se despidió de su abuela.


09 diciembre 2013

El placer de la lectura: ¿pasión u obsesión?

Hace unos meses abandoné el blog porque no me apetecía seguir escribiendo. No es que no se me ocurrieran cosas que contar, no es que no echara de menos hacerlo, no es que dejara de escribir, es que no tenía ganas de escribir de cosas personales. Y por personales no me refiero sólo a lo que me pasaba a mí, sino a lo que pasaba por mi cabeza, así que empecé a escribir sobre lo que leía. Antes ya lo había hecho con mis lecturas de cada mes, pero cuanto más escribía sobre lo que leía más quería leer y más quería escribir, y por alguna razón lo hice en facebook, esperando que alguien me parara o me alentara o me comentara o hiciera patente que estaba ahí, cosa que echo de menos en este blog, que no sé si alguien lee pero que casi nadie comenta. 

Desde hace un par de semanas estoy actualizando el blog, comenzando por volcar todo lo que escribí en facebook, sobre qué me pareció tal o cual libro. Son unos cuantos, así que si no os gusta el tema tened un poco de paciencia porque noto que, poco a poco, vuelve Lamb. La que piensa tonterías y las suelta, la que es capaz de hacer broma de situaciones absurdas, la que se enfrenta al "vuelva usted mañana" y se queja. 

Mientras esa Lamb acaba de llegar escribo sobre la lectura y sobre ciertos temas que van asociados y con los cuales yo tengo más que mis dudas sobre su corrección. La tele es mala, atonta los sentidos, te fríe el cerebro y te estropea la vista, es para paletos e incultos que se tragan cualquier cosa que echan. No pasa nada con ver un poquito la tele cada día, pero eso de estar cuatro horas delante de la caja tonta no sólo te embrutece sino que te engorda, que claro te sientas en el sillón con una cerveza o una soda en la mano y chucherías en la otra y te dedicas a perder el tiempo. ¡Sal y vive tu vida, en vez de vivir a través de la de los demás!

Leer es bueno, te expande la mente, te hace soñar, te culturiza. No pasa nada por disfrutar de unas horas de lectura al día. No pasa nada por olvidarte del mundo real durante unas horas y recluirte en ese mundo ficticio que te presenta el libro. No pasa nada por estar sentado o tumbado leyendo; el ejercicio que no hace el cuerpo lo hace la mente. Leer es bueno. Y no hacen falta razones para leer, pero si necesitas alguna ahí van 33. 

Estoy haciendo de abogada del diablo, porque no tengo tele en casa y leo mucho.

Leo y leo y leo, y en un momento determinado empiezo a pensar que me he convertido en una adicta. Cada página que devoro me llena de una energía desconocida y cuando acabo el libro me quedo vacía, desapasionada, perdida y la única forma de huir de esa horrible sensación es abriendo un nuevo libro y empezar, de nuevo, con ese círculo dañino. 

Leer me culturiza, mi vocabulario mejora, mi ortografía mejora, mis conocimientos sobre distintos temas aumentan. Leer me entretiene, a veces paso horas pegadas a sus páginas (no estoy en contra del e-book, pero yo sigo fiel al libro de papel) sin darme cuenta de que no he comido, de que ha anochecido o, en el peor de los casos, de que ya ha amanecido. Leer me evade. Leo sobre investigaciones policiales, sobre vidas marcadas por guerras, por secretos, por descubrimientos y me olvido de mi realidad rutinaria. Me olvido tanto que cuando vuelvo mi vista a esa cotidianidad es un poquito más fea que antes, un poquito más desabrida. Leer me hace sentirme acompañada. Los personajes de las novelas sufren conmigo, disfrutan conmigo, piensan conmigo, sienten conmigo, o más bien yo con ellos, y a veces se meten tanto debajo de mi piel, de mi corazón y de mi cabeza que cuando el libro acaba me siento en el más absoluto de los abandonos. Porque sé que ya no volverán, que no hay más que eso, que yo sigo viviendo y caminando hacia delante y ellos pararon y lo único que se me ocurre para desembarazarme de esa tristeza es buscar a otros "compañeros de viaje" en otras historias, sabiendo que todo se repetirá una y otra vez. 

No critico la lectura. No desincentivo que la gente lea, lo que sea, periódicos, cómics, ensayos, novelas... Porque yo no podría vivir sin hacerlo, pero a mí se me han ido las cosas de las manos. Hace tiempo que me he dado cuenta y mi propuesta de nuevo año será leer menos y mejor. No mejores libros, sino con mejor actitud, sabiendo hasta dónde puedo dejarme arrastrar por las historias, por los personajes. Sabiendo que no es malo un rato de evasión pero que no puede convertirse en mi día a día. Yo leo por la misma razón que otros ven la tele. Porque necesito encontrar esa dosis de relevancia, de interés que no encuentro en mi vida diaria. Pero el problema no es mi vida. El problema soy yo y los libros sólo elevan las expectativas más y más alto. Si no lo paro ahora, dejaré de disfrutar mi realidad. Y eso me da miedo. 

Nada es malo si se hace con moderación, incluso ver la tele. Nada es bueno si se hace sin medida, incluso leer. Escribir mejora las cosas. Escribir sobre la novela, sobre lo que me ha hecho pensar, lo que me ha hecho sentir, pone las cosas un poquito en perspectiva, por eso, aunque a veces me parece que meto un rollo con tanta crítica y tanto libro, no puedo dejar de hacerlo y así, piedra a piedra, voy creando mi camino de baldosas amarillas que me permita volver de la tierra de Oz.

10 noviembre 2013

Era dos veces el Barón Lamberto

C'era due volte il barone Lamberto de Gianni Rodari es el primer libro que leo en italiano que no está adaptado para extranjeros que intentan aprender el idioma. Es un libro para niños de 11 años, pero como yo soy muy infantil, pues me ha gustado la historia y, desde luego, las ilustraciones de Francesco Altan. Le he cogido cariño al Barón Lamberto y, sobre todo, a su mayordomo Anselmo, siempre con el paraguas colgando del brazo. 

"En medio de la montaña está el lago de Orta. En medio del lago de Orta, pero no justo en la mitad, está la Isla de San Julio. En la Isla de San Julio está la mansión del Barón Lamberto, un señor muy viejo (tiene noventa y tres años), muy rico (posee veinticuatro bancos en Italia, Suiza, Hong Kong, Singapur, etc.), siempre enfermo. Sus enfermedades son veinticuatro. Sólo el mayordomo Anselmo las recuerda todas. Las tiene escritas en orden alfabético en un pequeño bloc de notas: asma, arterioesclerosis, artritis, artrosis, bronquitis crónica, y así hasta el final de la z de zoppia (cojera). Al lado de cada enfermedad Anselmo ha anotado la medicina que tiene que tomar, a qué hora del día o de la noche, la comida permitida y cuál está prohibida, las recomendaciones de los médicos: "Estese atento a la sal, que aumenta la tensión", "limítese con el azúcar que no va bien con la diabetes", "evite las emociones, las escaleras, las corrientes de aire, la lluvia, el sol y la luna".


¿Que de qué va el libro? Pues no lo puedo contar, porque cualquier cosa que diga sería destriparlo. Sólo decir que es un libro divertido, imaginativo y ácido. Lo demás lo tendréis que descubrir leyéndolo.

14 octubre 2013

Había una vez... un circo

Me encanta el circo y todo lo que tenga que ver con él. Pero no el circo Maravilla, que llega a un descampado de la ciudad, con los payasos Pocholín y Pocholón de nariz roja y zapatones, el domador, que bien podría llamarse el torturador, o la amazona vestida de cowgirl. Ese no. Ese me deprime y me enfada. Por eso no voy nunca al circo, porque casi todos son así. 

Del circo me gusta su ambiente mágico, los "guauuuu, es asombroso", como los que te saca El Circo del Sol (y eso que no he tenido el placer de verlos en persona), y como los que debía provocar El circo de la noche que creó Erin Morgenstern.

Porque El circo de los sueños, que sólo abre de noche, es un circo lleno de magia, de misterios, de espectáculos increíbles. Es también un terreno de juego, donde se baten a duelo Marco y Celia, desde que eran pequeños, sin conocer las reglas ni cuando termina.

Me daba un poco de pereza leerlo, porque tiene más de 500 páginas, pero me puse y en seguida me atrapó la historia: encantada, sinuosa, delicada. Y mientras iba leyendo, me iba acordando de las películas El Prestigio  y de El Ilusionista  e iba viendo el circo con la mirada de Marina Anaya. Ha sido un camino de lectura muy bonito, la verdad.

Al que le gusten los libros con aspectos mágicos se lo recomiendo, pero le pongo un pero. No sé cómo hubiera terminado yo el libro, pero lo que es seguro es que no lo hubiera hecho como Morgenstern. Me recordó un poco al final de Lost, donde se liaron tanto con la trama que no supieron salir del embrollo y tiraron por el carril del medio, casualmente el menos apropiado. 


Y al que le guste este tipo de libros le sumo unos cuantos más como La mecánica del corazón de Mathias Malzieu, La invención de Hugo Cabret de Brian Selznick, El último gran viaje de Olivier Duveau de Jali o El espíritu del tiempo, de Benjamin Lacombe.

04 agosto 2013

Islandia, ese extraño país - 1ª parte

Pues nada, que ya he vuelto de las vacaciones. No hoy, pues eso supondría que habría disfrutado de casi un mes de descanso y eso es tan improbable como que me toque la lotería. No, volví hace dos semanas, pero hasta hoy no he podido sentarme a escribir. ¿Por qué? Pues, por un lado, porque la vuelta al trabajo cuando nadie ha cubierto tu ausencia, implica, inevitablemente, la realización del doble de tareas durante el periodo de reincorporación. Ergo: mucho trabajo. Y por otro porque es verano y hace calor, y como ya he dicho en alguna ocasión, odio el verano, que no me deja pensar, moverme o respirar, así que mucho menos escribir. 

Pero pasaba el tiempo y por miedo a que llegara ya la Navidad he decidido que es momento de contaros dónde he ido de vacaciones. Por supuesto a un sitio frío, y como no tenía mucho tiempo he decidido no salir de Europa. Así que el país elegido ha sido Islandia.

La verdad es que no sólo he escogido este bello país por su clima tendente al frío, sino porque tengo un amigo islandés que vive allá y a mí me gusta disfrutar de los sitios desde la cotidianidad de los lugareños. No sé, me parece más auténtico. 

Podría hablaros de los paisajes, las cascadas, los volcanes, los glaciares, las costas rocosas, las playas de arena negra, pero eso lo podéis encontrar en cualquier guía de viajes o en cualquier blog de estos escritores viajeros, que te cuentan con pelos y señales qué es lo imprescindible para ver y hacer cuando llegas a un país. Dicen que vale más una imagen que mil palabras, así que en este post os pongo varias imágenes de Islandia y en otro os cuento algo más costumbrista.


Catarata de Gullfoss en el Golden Circle.

Turf House o casa de hierba, muy habitual en otros tiempos entre la gente del campo. 

Dyrhólaey, playa de arena negra en la localidad sureña de Vík.

Pequeños icebergs en Jökulsárlón, la salida al mar del famoso Glaciar Vatnajökull,
el más grande del mundo fuera de los polos.

Instalaciones de Blue Lagoon (Laguna Azul), balneario geotermal cercano a Reykjavík.

Iglesia negra en Snæfellsnes.

Puerto y faro de la localidad pesquera de Stykkishólmur.
Hallgrímskirkja, la iglesia más importante de Reykjavík
Sólfar, o El Viajero del Sol, estatua de un drakkar realizada por Jón Gunnar Árnason.


Harpa, el modernísimo centro de conciertos y conferencias.

Parlamento islandés.

Perlan, edificio que acoge el Museo de las Sagas y un restaurante panorámico.

Vista panorámica de Reykjavík.

Bueno, ya habéis visto algo de Islandia. Mañana os contaré mis impresiones personales de este peculiar y aislado país. 

08 julio 2013

Hasta la vista, babies


Cuando esta entrada se publique, estaré ya de viaje hacia mi destino vacacional. Me resulta raro eso de cogerme vacaciones. Más que nada porque hace casi 3 años que vivo sin ellas y como que uno se acostumbra a no parar. Me resulta tan raro que hasta tengo un poso de remordimiento por estar disfrutando en vez de produciendo. Sé que no debería. Que es una tontería. Que las vacaciones son necesarias porque con ellas recargas pilas para seguir luego trabajando y afrontando los problemas cotidianos. Pero qué puedo decir, saberlo no hace que la culpa desaparezca. Ahora, que tampoco me dejo batir por ella, así que la estoy metiendo en un cajón, donde van las cosas que no me voy a llevar. 

Van a ser quince días. En el extranjero. Visitando a un gran amigo al que echo de menos. Van a ser quince días sin conexión a internet, sin móviles. No voy a contar el destino hasta que vuelva. 

Sólo dos pistas. 

Es exótico y no es Mongolia. 

01 julio 2013

Derecho a quejarse

Esta mañana ha venido, al centro donde trabajo, un chico de Iberdrola para dejarnos un papelito que dice lo siguiente:

Trabajamos para mejorar


Para seguir mejorando la calidad de nuestro servicio estamos trabajando en nuestras instalaciones. Por este motivo, nos vemos obligados a interrumpir temporalmente el suministro eléctrico. Si el trabajo finalizara antes de la hora indicada, restableceremos el servicio de forma inmediata y sin previo aviso. 

Sentimos las molestias. 


El día 04 de julio de 2013

De 08:00  13:00 horas.

¿El jueves de 08:00 a 13:00 hrs. sin luz? No puede ser, ¿cómo vamos a trabajar? Sin ordenador, sin luz, sin teléfono. Leo otra vez el papel de marras: "nos vemos obligados a interrumpir temporalmente..." No digo que no, pero ¿os veis obligados a interrumpir el suministro eléctrico durante la mañana?, ¿no puede ser de 2 a 6 de la madrugada, cuando la gente está durmiendo y todos los pequeños comercios del barrio cerrados?

Llamo a Iberdrola Navarra y me remiten a un 902 de averías. Una señorita no muy simpática, para qué mentirnos, me confirma que cortarán la luz; a lo que yo le digo, pues me gustaría poner una reclamación, porque alguien se tiene que responsabilizar de las pérdidas económicas que nos ocasiona estar toda la mañana sin poder trabajar. Respuesta de Miss Simpatía: "Los cortes programados no admiten reclamaciones. Hemos pedido todos los permisos al Ayuntamiento y al Gobierno de Navarra, así que todo está en orden". 

¡Disculpe? ¿Cómo que no admiten reclamaciones? No le digo yo que no tenga usted todos los permisos (lo que, por cierto, tal y como están ahora mismo las cosas en las altas esferas, le doy tanto crédito como si le hubiera pedido permiso al perro del vecino, francamente), pero también es verdad que si el corte no es urgente, y si es verdad que están ustedes trabajando para mejorar, podrían hacerlo en un horario menos gravoso para los comercios y el ciudadano. "Lo siento pero así está establecido". Ya, ya, pero quiero poner una reclamación, al menos para que conste mi descontento. "Ya le he dicho que los cortes programados no admiten reclamaciones". Gracias y buenos días y he colgado. Porque era eso o mentarle a todos sus ancestros y yo sé que ella no tiene la culpa (del mensaje, no del tono ni de la actitud, desde luego, que de eso sí que la tiene) y además estoy intentando mantener mi actitud zen en equilibrio.   

Nos suben el precio de la luz cuando les da la gana, nos cortan el servicio cuando les da la gana y el ciudadano de a pie lo único que puede hacer es quejarse, aunque sepa que su queja no llega a ninguna parte. Bueno, ahora ya ni eso. No admite reclamaciones. 

Me ha venido a la mente el discurso de William Wallace al ejército escocés antes de atacar a los ingleses: "Podrán quitarnos la vida, pero jamás nos quitarán la libertad". Ya, ya William, eso lo dices porque no te has topado con Iberdrola y toda esa calaña. Hemos llegado a un punto en que nos quitan el trabajo, los ingresos, el servicio, los derechos, las ilusiones, las oportunidades, la paciencia, las fuerzas y cuando pensé que ya no podían quitarnos nada más, nos quitan la voz y el derecho a quejarnos. 

Pues una cosa les quiero decir: no sigan quitándonos cosas con tanta alegría, porque el día que ya no tengamos nada más que perder ya no podréis controlarnos. Ese día nos levantaremos todos a reclamar lo que nos habéis robado y nos corresponde. Porque lo que nos estáis quitando no son privilegios, son derechos ganados con el esfuerzo de mucha gente durante muchos años. Nos estáis quitando lo que es nuestro y eso es robar. Podéis camuflarlo con leyes sacadas de la chistera mágica, de permisos pedidos al último mono del zoo o con lo que os venga en gana, pero esto que estáis haciendo es un atraco a mano armada y en cualquier sociedad democrática, con un sistema legítimo, lo mínimo que el ciudadano de a pie puede exigir son mecanismos de reclamación, de queja y de reparación de la vulneración de sus derechos. Cuando eso no pasa como en este país, entramos en el club de las repúblicas bananeras que con tantas ínfulas criticamos. He dicho. 



27 junio 2013

Ya soy trabajadora social ¿Y ahora qué?

Con gran orgullo y satisfacción puedo decir que ya soy Diplomada en Trabajo Social por la UNED. Hoy me han dado las dos notas que me faltaban y la verdad es que si me dan un año más lo saco hasta con nota, fijaos lo que os digo. Han sido toda una sorpresa las calificaciones que he obtenido, para qué negarlo. 

Largo camino he recorrido hasta llegar aquí. Comencé en octubre de 2005, cuando me di cuenta de que necesitaba aportar algo más a la sociedad que lo que hacía hasta entonces. Poco después pedía la beca para ir a Chile, me la dieron, estuve allí dos años, dejé los estudios aparcados (ahora bien, optimismo no me faltó, pues me  matriculé en varias asignaturas y me llevé todos los libros a Santiago, pagando el consiguiente exceso de peso tanto a la ida como a la vuelta, para no hacer nada). Volví a España, retomé la carrera, encontré trabajo, me apunté a un máster, dejé el trabajo pero seguí con el máster y la carrera. Acabé el máster, encontré otra vez trabajo y me dieron otra beca, esta vez para ir a Ecuador, por un año. Seguí siendo optimista, porque volví a matricularme y a llevar los libros y pagar exceso de equipaje para volver a no hacer nada. Retorné a España en 2011 y ahí me lo tomé en serio. Hasta hoy, que he terminado. Y no me lo creo. Y miro y remiro las notas, a ver si no me he equivocado. Y miro y remiro el expediente, a ver si no me he olvidado de ninguna asignatura. No, todo correcto. Así que ¡¡¡¡HE TERMINADO!!!!

Ocho años de periplo. Ocho años donde no siempre estuve estudiando, pero siempre tuve los estudios en mente. Comencé con 27 años, he terminado con 35 y en medio de una crisis económica y social que hace que la presencia del trabajador social sea más necesaria que nunca, pero menos solicitada que nunca. Así que ¿ahora qué?

Estuve leyendo los foros de la UNED y muchos de los que habían terminado (tardando más o menos lo mismo que yo) manifestaban la misma sensación. Por un lado, alivio por haber finalizado, por no estar pendiente de libros, estudio, exámenes, trabajos, por dejar ya de pagar (excepto las tasas del título). Y, por otro, un vacío interior por haberse acabado algo que llevaba tanto tiempo dentro de uno, por no saber qué pasará a continuación. Porque, ¿quién me va a contratar con 35 años de trabajadora social si acabo de terminar la carrera?

Pero no es momento de angustiarse. Es momento de estar alegre y satisfecha y orgullosa de no haber abandonado por el camino, y de haber podido compaginar el estudio con el trabajo, con otros estudios, con mi vida. Orgullosa de la constancia que he tenido y que intento extrapolar a este blog. Orgullosa de demostrarme que soy capaz de conseguir lo que quiero. Y ahora a mirar hacia delante. A marcarme otra meta, otro objetivo, a luchar por algo más. Porque, ¿qué es la vida sin nada por lo que luchar?

Es el momento de paladear esas tres palabras que me suenan tan propias y ajenas a la vez. Hasta que me las crea. Soy Trabajadora Social. 

25 junio 2013

Los tacones de mi vecina

No conozco a mi vecina de arriba, aunque, ahora que lo pienso, en realidad no conozco a ningún vecino. Dado que no acudo a ninguna reunión de propietarios (más que nada porque no soy propietaria), quizás debiera haber llevado un pastel de presentación a todos los vecinos de mi bloque, como Bree Van de Kamp en Wisteria Lane. Aunque tal y como anda el nivel de confianza en el prójimo a lo mejor me denuncian por intento de envenenamiento. Déjate, déjate. Lo más normal sería que coincidiera en el ascensor con alguno y comentáramos algo del estilo de "a ver si deja de llover, porque vaya primavera" mientras me fijo en a qué piso va, pero es que debe ser que tengo horarios raros porque nunca coincido con nadie ni en el ascensor ni en el portal. Eso o me evitan.

A mi vecina de arriba me la imagino como Betty Draper, levantándose, a las 6:30 de la mañana de la cama, con el pelo y la cara perfecta. Metiéndose en la ducha y vistiéndose con vestido de vuelo y tacones para, a las 7 de la mañana, ponerse a hacer las labores del hogar. La vecina de arriba es un ama de casa con glamour, que plancha, cocina, pasa el aspirador e incluso limpia el baño con tacones, maquillaje, manicura, pedicura y peluquería siempre a punto. 

Bueno, no sé si va por la casa maquillada y con la manicura hecha, pero de que va con los tacones puestos, va. A las 7 de la mañana, a las 2 de la tarde, a las 10 de la noche, a las 3 de la madrugada, toc, toc, toc, retruenan los tacones sobre mi cabeza, toc, toc, toc, recorriendo los 70 m2 de piso, toc, toc, toc, durante minutos y más minutos. 

El otro día, ya cansada de sus toc, toc, toc, decidí meterle una nota en el buzón, pidiéndole, muy amablemente que por favor, se abstuviera de usar tacones en casa a altas horas de la noche o pronto por la mañana, porque abajo se oía un estruendo que no se podía aguantar. ¿La respuesta? La misma nota devuelta en mi buzón preguntando que a quién iba dirigida la nota y que qué quería decir. Vamos, ¿dónde vas? manzanas traigo ¿La respuesta? El toc, toc, toc, más intenso, más prolongado y a más diferentes horas que antes. Todo un ejemplo de buena educación, buena vecindad y de saber vivir en sociedad. ¡Claro que sí!

El único consuelo que me queda es que le tiene que estar quedando el parquet hecho unos zorros, con esos tacones en plan piolets que debe llevar por la casa, porque por lo demás estoy hasta los tacones de mi vecina. 

24 junio 2013

Mongolia: mi tierra prometida

¿Si pudieras viajar a cualquier lugar del mundo, a dónde te gustaría ir? Mi respuesta es Mongolia. 

Yurta
Me viene a la mente un recuerdo. Tengo unos diez años y estoy aprendiendo las capitales del mundo. China: Pekín;  India: Nueva Delhi; Corea del Sur: Seúl; Corea del Norte: Pyongyan; Mongolia: Ulan Bator. U-lán Ba-tor. Lo repito. Lo paladeo. Me imagino cómo puede ser un lugar que tenga un nombre tan enigmático. Voy a mi atlas Océano y busco Mongolia, donde viven los mongoles y las mongolas. Y no entiendo por qué cuando, a veces, me insultan en el cole me llaman mongola. 






Aprendo que es un lugar donde hace mucho frío, donde la gente es nómada, vive en unas casas circulares, llamadas yurtas, que montan y desmontan cada vez que se mueven de un sitio a otro. Que en invierno visten con abrigos, botas y gorros de pieles muy graciosos y en verano con túnicas de colores vivos. Que cabalgan en pequeños caballos peludos, que beben leche de yak y les gusta la cetrería y la lucha libre. Que los habitantes de ese enorme y desconocido país son gente de baja estatura, pelo negro fino y liso, ojos rasgados, mejillas sonrosadas, cara de luna y nariz pequeña y redonda. Y me veo reflejada y me pregunto si no tendré yo algún antepasado mongol. 

No sé por qué pero me fascina todo lo que tiene que ver con su cultura, su inclemente clima, sus agrestes paisajes. Nunca he estado allí y no sé si alguna vez iré, pero cada vez que me topo con algo proveniente de Mongolia me siento atraída de forma magnética. No sólo por el propio país, sino por Mongolia interior, una región de China con la que comparte todo menos moneda y control político.  

Mongolia, ahora empobrecida y olvidada, tuvo su momento de gloria en el S. XIII, bajo la espada de Temudyin, el implacable Gengis Khan. El Imperio Mongol pasó a ser, en 1206, poco más del territorio actual, a abarcar, en 1279, desde Corea hasta el Danubio, con unos 44 millones de kilómetros cuadrados (el 30% de la superficie de la Tierra) y más de 100 millones de habitantes. Por hacer una comparativa, el Imperio Romano, unos siglos antes, alcanzó una extensión de 6,5 kilómetros cuadrados y 88 millones de personas. Da que pensar sobre lo parcializada y occidentalizada que nos enseñan la historia "universal". 

Como es imposible hacerse con un libro de Mongolia que no sea una guía de viajes, mi contacto con esa tierra y esa cultura se ha producido a través del cine. Os dejo las películas que he visto, aunque lamentablemente todas se centran en ese aspecto de pastores nómadas que, si bien es representativo de la cultura mongola, digo yo que no será lo más habitual (podemos ver un retazo de otra realidad más occidental y "desarrollada" en La boda de Tuya). 

La primera película que vi fue El perro mongol, una cinta realizada con presupuesto alemán, pero dirigida y protagonizada por mongoles. Es la historia de Nansal, la hija mayor de una familia de  nómadas mongoles que, un día, se encuentra un cachorro de perro mientras recoge estiércol cerca de su casa. Desde el primer momento se encandila con el perro, pero su padre teme que sea un descendiente de lobo que les llevará mala suerte y le pide que se deshaga de él.  

Con ella descubrí cómo se montan las yurtas, cuál es el tipo de alimentación que tienen, las creencias, las supersticiones y los roles de la mujer y del hombre dentro de la cultura mongola. 



La segunda fue La boda de Tuya, una película china que trata sobre Tuya, una joven mujer que vive en la Mongolia más profunda con su marido inválido, sus dos hijos y un rebaño de ovejas. La presión del gobierno para que los pastores nómadas abandonen su estilo de vida es muy fuerte y el esfuerzo que tiene que hacer Tuya para sacar adelante a la familia es tan grande que cae enferma y no le queda más remedio que divorciarse de su marido y casarse con un hombre que le ayude en el día a día. A pesar de que tiene muchos pretendientes, la condición de que el nuevo marido acepte al anterior, hace que todos huyan. 



Aunque Tuya tiene que divorciarse de su marido para poder casarse con otro, la aceptación del marido inicial se basa en la poliandria (una mujer que se casa con varios hombres) que no era infrecuente en esa región antiguamente. Eso no quiere decir que las mujeres tengan una condición importante y dominante en la sociedad mongola más tradicional. De hecho, en la película siguiente (bien es cierto que está ambientada en el S. XII) un mongol le dice a otro: "Para un mongol es más importante su caballo que su mujer". 

La película es Mongol, una cinta kazaja que cuenta la vida de Gengis Khan, desde los nueve años hasta que se convierte en el Emperador de todos los mongoles y donde, por cierto, escoge a su futura mujer como si fuera un caballo, de una fila de ocho niñas de entre 8 y 10 años. La película fue nominada al óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2007, pero lo que más me llamó la atención fue la música. Una banda sonora increíble con el colofón final de la banda de folk rock Altan Urag.  



La última de las películas que he visto (he descubierto que hay muchas más que voy a intentar conseguir pese a la dificultad, que existe en España, para encontrar cintas que no sean de Hollywood) es La gran final y es una coproducción hispano-germana (me ha sorprendido mucho conocer que muchas de las películas que hay de Mongolia están realizadas por iniciativa y/o presupuesto alemán. Alguna conexión oculta tiene que haber por ahí.). En realidad, La gran final, de Gerardo Olivares, no sólo trata de Mongolia, sino que son tres historias que tienen en común que los tres protagonistas (una familia de nómadas mongoles, una caravana de camellos de los Tuaregs en el desierto del Sahara y un grupo de indígenas en la Amazonía brasileña) intentan ver, por todos los medios, la final de la Copa del Mundo de Fútbol de Japón 2002 entre Alemania y Brasil. Lo mejor el humor con el que se aborda la situación y la increíble inventiva que destilan para poder conseguir ver el partido. 


Seguiré viendo películas sobre Mongolia y, quién sabe, quizás un día, me monte en el Transiberiano y  conozca, finalmente, mi tierra prometida. 

20 junio 2013

Parliamo italiano

Tras mis dos strikes en inglés decidí estudiar otro idioma. ¿Francés? Puede que me acuerde de algo de lo que estudié en EGB y no parta de cero. ¿Alemán? Uff, no, no, que no me apetece estudiar tanto. ¿Euskera? Me atrae, pero si con alemán hay que estudiar, con euskera ni te cuento. A ver, Lamb, busca un idioma que sea, o parezca facilito, y así acabamos antes. ITALIANO!!!

Bueno, pues eso, que me apunté a italiano en la Escuela Oficial de Idiomas de Pamplona. Lo que creo que ha sido una de las decisiones más acertadas que he tomado en los últimos tiempos. He leído, he visto películas, he descubierto canciones e incluso he escrito un relato y he ganado un premio. Y todo eso en italiano y en sólo un curso. El italiano es fácil, pero no tan fácil como yo pensaba. Conjugaciones verbales puñeteras, pronombres vacilones, numerosos falsos amicos (palabras que en castellano significan una cosa y en italiano algo distinto), en fin, trampillas para que no te duermas en los laureles. 

Pero lo mejor, lo mejor de apuntarme a clase de italiano ha sido conocer a la gente que he conocido. Un grupo de 15 personas que nos gustamos, que nos apreciamos y que queremos compartir tiempo y actividades juntos (de hecho a pesar de ya ha pasado un mes del fin de las clases seguimos quedando). 

Me lío, me lío. Que el post de hoy iba a tratar sobre la música ligera, que he descubierto en mis ansias de zambullirme en la cultura italiana. Os dejo algunas de mis favoritas con las que cada día aprendo palabras y expresiones nuevas.

Occhi da orientale [Ojos de oriental] de Daniele Silvestri



Luce [Luz] de Elisa



Calma e sangue freddo [Calma y sangre fría] de Luca Dirisio



Per dimenticare [Para olvidarme] de Zero Assoluto



Occhio x occhio [Ojo por ojo] de Anna Tatangelo



Brucerò per te [Quemaré por ti] de Negrita



Quello che [Eso que] de 99 posse



Di notte [De noche] de Pierdavide Carone


14 junio 2013

Rituales académicos u otra forma elegante de llamar a las manías de antes y después del examen

Ahora que he terminado los exámenes de la UNED voy a hablar de una cosa que hago en esta época, y que tras reflexionarla me ha parecido curiosa. Pero antes un resumen informativo, que hace tiempo que no escribo nada demasiado personal en el blog, sobre cómo me está yendo la vida académicamente hablando. 

El año pasado se me fue un poco la mano matriculándome de seis asignaturas de trabajo social. Hice un gran esfuerzo y bastantes malabares para compaginarlas con el trabajo y el inglés y las aprobé todas. Ahora, eso sí, con un desgaste mental bastante interesante. El caso es que me quedaban tres asignaturas para finalizar la carrera. Una la hice en febrero: Políticas Sociales, la cual aprobé. Y dos he hecho en junio: Derecho del trabajo y el Prácticum. Esta última, por cierto, la he disfrutado muchísimo, porque me ha permitido hacer prácticas en una unidad de barrio, y ver in situ cuál es el trabajo del trabajador social institucional. De estas aún no sé la nota y aún creo que tardará un par de semanas en salir. Las espero como agua de mayo como os podéis imaginar. 

Bueno, el caso es que durante la época de exámenes sigo una serie de rituales (y eso que no soy nada supersticiosa), que me ayudan a sentirme más cómoda, más segura y más relajada. Algunos tienen su lógica, pero otros son como los que hace Rafa Nadal cuando practica su saque. Una serie de actos movidos por la costumbre que me ayudan a confiar más en mí y a sentirme más concentrada. Eso o sí que soy supersticiosa.

1.- Nunca pongo música en el coche.

La sede de la UNED de Pamplona está justo al otro lado de la ciudad de donde yo vivo, así que cada vez que tengo un examen tengo que ir en coche. Yo siempre escucho música en el coche. Siempre tengo un CD de canciones varias que se enciende cuando lo arranco y se apaga cuando lo paro. Bueno, los días que tengo examen apago la radiocd. La razón es que tengo una mente muy "espóngica" (y esponjosa, ya que estamos). O lo que es lo mismo, lo que oigo lo retengo y lo repito. Así que si oigo una canción de camino al examen, lo más seguro es que durante el examen esté pensado más en tararear o cantar la canción que en lo que tengo que poner. O sea, que fuera música.

2.- Nunca llevo ni apuntes ni libros al examen.

Hay mucha gente que llega media o una hora antes del examen y se pone como loca a repasar. Yo eso lo hacía antes, cuando no llevaba bien preparada la materia. Pero la edad, y sobre todo, la práctica a la hora de hacer exámenes, me ha hecho cambiar de estrategia. Lo que no me sé no lo voy a aprender en la media hora antes de que comience el examen. Y revisar los apuntes, o el libro, sólo me sirven para sentirme más insegura sobre lo que me sé y lo que no me sé (normalmente para recordarme todo lo que no me sé o lo que no me acuerdo). Así que nada de apuntes. 

3.- Siempre llevo al menos 5 bolígrafos.

Un bolígrafo es normal porque con algo tienes que escribir, digo yo. Dos, si son del mismo color, se podría llamar precaución, por si acaso te falla el primer bolígrafo, pero ¿cinco? Cinco ya es una manía rayana la obsesión. Porque, al fin y al cabo, nunca uso más de dos bolígrafos. Y aquí entraría una submanía de la manía. La de escribir un pequeño esquema de lo que voy a decir a sucio con un bolígrafo y el desarrollo final con otro. No me preguntéis por qué porque no le encuentro sentido, simplemente lo hago. 

4.- Siempre llevo el reloj de bolsillo.

Éste es el ritual que hago cuando llego a mi silla del examen y antes de leer nada. Pongo encima de la mesa mis cinco bolígrafos, mi carnet de la UNED, las gafas si las llevo y el reloj. Aquí tengo que matizar que yo no tengo reloj de muñeca, sino que tengo uno que llevo en el bolsillo. Así, a priori no parece un ritual-manía, sino algo normal lo de llevar un reloj a un examen para poder revisar el tiempo que te queda. Pero lo incomprensible del hecho es: Uno, que en todas las aulas de exámenes hay un reloj más grande que el de la Puerta del Sol, por lo que aunque esté en la última fila y no lleve las gafas vería la hora. Dos, que nunca miro la hora en mi reloj de bolsillo. Por alguna razón me da tranquilidad tener ahí el reloj, como si pudiera controlar el tiempo. 

5.- Nunca miro si han salido las notas hasta al menos 3 semanas después de los exámenes.

En la UNED las notas salen entre 3 y 5 semanas después de haber hecho el examen (un par más si lo hiciste en la primera semana) y sé que hay gente que desde el primer día se mete, de forma obsesiva, en el campus de estudiante para comprobar si ya han salido. Como eso de sufrir por sufrir no es lo mío, me mentalizo para no mirar en la página de las notas hasta al menos 3 semanas después de haber acabado los exámenes. Esto no es ni manía ni ritual, sino un ejercicio de salud mental. 

6.- Nunca releo el examen en la valija virtual antes de saber la nota.

Desde hace un par de años la UNED tiene valija virtual. Antes, los exámenes se metían en un sobre y se mandaban por valija postal a Madrid, donde los corregían. En la actualidad utilizan las nuevas tecnologías, supuestamente para acelerar el proceso -cosa que no se ha hecho de ninguna manera pues tardan lo mismo que antes en dar las notas-, para escanear los exámenes y mandarlos directamente a Madrid. Esto implica, también, la valija virtual, que es colgar tus exámenes en tu campus virtual para que los alumnos podamos ver qué tan bien o mal hicimos el examen. Hay gente que espera con ansia que cuelguen el examen y luego buscan la respuesta en el libro o apuntes y empiezan a calcular si han aprobado o no y la nota que van a sacar. A mí eso me parece una tontería y por eso no lo hago. Mi experiencia en la UNED me dice que hay profesores que al corregir valoran algo más que el hecho de tener las respuestas del examen como la materia que aparece en el libro; Sino que agradecen que esté bien escrito, sin faltas de ortografía ni de coherencia, que esté argumentado y explicado de forma que no parezcas un loro vomitando lo leído sino un ser pensante con opiniones y reflexiones sobre lo abordado. 

Rituales, manías, costumbres o buen juicio. Podéis llamarlo como queráis. La cuestión es que hago eso en todos los exámenes desde hace unos años, y no digo yo que eso es lo que me ayuda a aprobar, que no, que mucho tiene que ver mi experiencia y lo que estudio, pero sí que me ayuda a confiar en mis posibilidades y a no dejarme llevar por los nervios pre y post examen. Espero que no tenga que volver a aplicar estas técnicas, porque eso significaría que he aprobado las dos asignaturas y que me diplomo, pero en el caso de que no sea así, en septiembre seguiré con el ritual, que no por no funcionar una vez pierde su sentido. 

15 abril 2013

Ibercaja o su campaña para hacer huir a posibles clientes

Hace varias lunas que no escribo, y algún día contaré las razones de mi ausencia, pero ya estoy otra vez aquí, aunque quizás no con tan buen humor como antaño. Ya veremos. 

Hoy quiero hablar sobre bancos, o más concretamente sobre cajas, o más concretamente sobre una caja en particular. Sobre Ibercaja [Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja]; nombre que de por sí es una falacia , porque ni sirve ya para ahorrar ni tiene ningún tipo de piedad, pero ese es otro tema. 

Quejarse hoy en día sobre las entidades bancarias no es nada novedoso, pues está claro que no van a ganar,  precisamente, el premio de popularidad, pero yo no voy a quejarme sobre el fraude de las preferentes, que no compré, ni sobre las condiciones engañosas y usureras de las hipotecas y el tema de los desahucios, pues ni en vacas gordas tuve yo dinero para poder pensar en comprarme una casa. Yo quiero hablar de algo que pasó hace un par de semanas y que me indignó y frustró a partes iguales. Y quiero hablar, porque también es un fraude, a pesar de que no te deja con una mano delante y otra detrás y de que no tiene la notoriedad, ni la publicidad que merece. Y sobre todo quiero hablar porque en la época de los recortes aún no nos han quitado el derecho a quejarnos. Todo se andará.

La cosa es que el martes 2 de abril me acerqué a una sucursal de Ibercaja a hacer un ingreso a un cliente. ¿Podría haber hecho una transferencia bancaria? Sí, desde luego, pero me dije: la oficina de Ibercaja está a tiro de piedra de mi trabajo, así que voy, ingreso el dinero y así me ahorro los 6€ de la transferencia desde mi banco. ¡Ja!

Esto es lo que sucedió. Llego a la ventanilla y me dicen que no puedo ingresar dinero porque al no ser cliente de Ibercaja sólo puedo hacer ingresos del 5 al 25 de cada mes y era día 2. Yo le digo que lo siento mucho, pero que he quedado con SU cliente en que le hacía el ingreso hoy, y que no creía que le fuera hacer mucha gracia que esperara 3 días más por una política suya (flaco favor que les hace Ibercaja a sus clientes, por cierto). De ahí que aparece el director de la oficina y me pregunta si ya he hecho alguna otra vez algún ingreso. Le digo que no, que es la primera vez y pienso "y la última". Parece que esa política (no escrita en ninguna parte, por cierto, lo cual no creo que sea muy legal) es muy flexible, porque me dice que vale, que por esa vez me hacen el ingreso, pero que no sirva de precedente. ¡Perfecto! hazme el ingreso y me marcho. Pues no, resulta que hay otra política, tampoco escrita, que dice que a partir del día 1 de abril hacer ingresos ¡¡¡¡¡tiene una comisión de 1€!!!!!

¿Cómo? ¿Que me cobran 1€ por ingresar dinero en la cuenta de un cliente suyo? Sí, verá es que claro, si usted fuera cliente nuestro no se le cobraría, pero al no serlo tenemos que aplicarle el coste. A ver, dos cositas, guapita de cara, primero eso de que ingresar dinero en una cuenta cuesta 1€, no sólo es la primera vez que lo oigo, sino que además no está publicitado ni publicado ni anunciado en ningún lugar de la oficina, por lo que puede que se lo acabe de inventar y segundo, si cree que para ahorrarme el euro me voy a hacer cliente de Ibercaja no puede estar más equivocada. ¿Cómo me voy a hacer cliente de una entidad que va a impedir que la gente me haga ingresos? Estaría loca. 

Como tenía que hacer el ingreso le dije, mire, cobre el euro y hágame el ingreso, que noto que me está subiendo la tensión. Cuál es mi sorpresa al ver que al darme el resguardo de ingreso el pago del euro no consta por ningún lado (¿es en serio?, ¿una caja trabajando con dinero negro?) así que le digo a la chica que lo refleje, que yo si no no puedo declararlo y me dice que como se acababa de empezar a aplicar esa política, el sistema no estaba todavía preparado para reflejarlo. 

No sé cuántos ingresos, por parte de no clientes, se hacen en las oficinas de Ibercaja mensualmente, pero tirando por abajo las cuentas me salen muy por arriba. Si eso no es usura y fraude (hacia el ciudadano y hacia la hacienda pública) apaga y vámonos. 

No tengo ni idea de quién le hace las campañas de captación de clientes y de relaciones públicas a Ibercaja, pero es un Caballo de Troya de libro. Que se lo haga mirar porque se le ha metido el enemigo en casa y le ha invitado a quedarse a dormir. Ahora que yo no vuelvo a tener tratos con Ibercaja en mi vida. ¡Ladrones!