Mostrando entradas con la etiqueta Costumbrismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Costumbrismo. Mostrar todas las entradas

23 mayo 2014

Maestro Llakaria: Gran Vidente - Medium Competente

Hace unos días que no escribo y no es porque ya haya tirado la toalla, ni mucho menos, que vais a tener Lamb para rato. Es porque a pesar de que una hace un último esfuerzo para acabar la carrera y se dice, no voy a volver a estudiar en toda mi vida, apenas un año después, el Ayuntamiento de Pamplona saca una convocatoria para trabajadores sociales y no queda otra que volver a retomar los libros, desempolvar las coderas y sentarse en el sofá/cama/terraza/delante del escritorio/delante de la mesa de la cocina/debajo de un pino... para intentar aprenderse un montón de cosas y hacer una actuación digna. Para el que le interese (saberlo, no apuntarse, porque ya es tarde), la convocatoria es para crear una lista de trabajadores sociales que puedan cubrir las bajas, vacaciones de los ahora contratados. Sólo nos hemos presentado 700 personas, así que veo futuro. O quizás debiera de consultarlo con el Maestro Llakaria - Gran vidente medium competente. 

Esta mañana he llegado a casa, he abierto el buzón, -que no sé qué espero encontrar, a parte de facturas o cartas del banco, pero me hace una ilusión enorme mirarlo cada día- y me he encontrado con el papelito de la foto inferior. 


Os pido perdón por la calidad horrenda de la foto, pero es que está hecha con el móvil y odio las pantallas táctiles, más que nada porque no se llevan nada bien con mis huellas dactilares y o no me abre las pantallas o me abre todas a la vez y me lleva a un estado de desesperación horripilante. El caso es que cuando mi antiguo y maravilloso Nokia C6 con teclado extraíble murió, empecé a buscar uno con teclado de toda la vida en vez de táctil y sólo encontré (que tuviera un módico precio) un Samsung que cumple su labor a la perfección salvo por la pequeña pega de que tiene una cámara, sin flash, de 2 Mpx. Sí, habéis leído bien, así que no pidáis más. 

Pero volvamos al mini folleto. No se puede decir más en menos espacio. 

Especialista en el retorno inmediato de la persona querida, quitar mal de ojo y protección, cualquier problema de pareja, salud, los concursos, mejorar en el deporte, los negocios, impotencia sexual, problemas judiciales, familiares, de trabajo, exámenes, atracción de clientes para vendedores, protección contra todos los miedos, accidentes de la vida, ayuda a dejar el trabajo, alcohol y drogas de forma inmediata. 
Primero de todo, este señor no es gran vidente medium competente, ¡¡es el señor de los milagros!! Lo mismo vale para un roto que para un descosido. Y si eso fuera poco lo hace en 72 horas. No sólo hace milagros sino que además es más rápido que Usain Bolt. Pero a ver, a ver, me puedo creer que me ayude a dejar las drogas en 72 horas, que me arregle la impotencia sexual en 72 horas e incluso que me haga ser más ágil que una gacela y ganar la medalla de oro en las Olimpiadas en 72 horas, pero ¿arreglar problemas judiciales en 72 horas? ¡Ja, eso no se lo cree ni él! ¡Eso en este país pertenece a la ciencia ficción! Ahí la ha pifiado. 

Así que después de meternos esa trola cómo vamos a creernos que hace un "trabajo serio, con garantía y confianza". ¡No, hombre, nooo!

Ahora que, hay un par de cosas que no se le pueden negar al Maestro Llakaria. Por un lado que es trabajador de narices, porque eso de estar disponible los 365 días del año durante 14 horas al día... ¿Y todavía hay problemas en España? No hay esperanza, entonces. Empiezo a pensar que este señor debe de tener una vocación increíble. Eso o tiene problemas económicos y necesita trabajar tropecientas horas al día. ¿Será que puede que arreglar los problemas de los demás, pero no lo suyos? Mal fario.  

Y, por otro, que avaricioso no parece ser, porque con eso de "pagar después de resultados" rico no se puede hacer. Y confiado también, porque no serán ni uno ni dos a los que arregle sus problemas y luego no le paguen. Me gustaría saber qué tasa de éxito tiene. Él dice el 100%, pero no sé yo, eso no lo consigue ni Rafa Nadal y eso que es mucho Rafa. 

Eso sí, a pesar de que está redactado bastante mal, no tiene ni una sola falta de ortografía. ¡Ole Maestro!

31 marzo 2014

Lecturas de marzo

Tras el bajón febreril vuelvo con unos cuantos libros (lamentablemente no todos buenos ni recomendables) en este frío y lluvioso mes. 


1º - La sopa de Dios es la primera novela de Gregorio Casamayor. Son los escritos de Fede Cortés, un anciano sospechoso de múltiples asesinatos, que desde la enfermería de la cárcel rememora su ciclotímica vida. Como yo tengo predilección por las historias de los bajos fondos pues me ha gustado, pero tengo que admitir que no es una grandísima novela. El estilo de escritura es correcto y fácil de leer, pero como quiere simular los recuerdos de un hombre, la historia va de atrás adelante y de delante atrás. Y por el camino se va dejando información, como si le estuviera recordando la historia al lector, más que contándosela, lo que acaba liándote y dejándote partes no contadas. Una de las cosas que más me han gustado es que, en ocasiones, utiliza los adjetivos de tres en tres, seguidos, sin comas, como si no pudiera decidirse cuál usar y fuera por todos. No lo había visto nunca así.



2º - Dentro de la caterva de libros que me ha prestado Farfalla está ¡Muuu! de David Safier. Es el tercer libro de Safier que me leo. El primero fue Jesús me quiere, sorprendente por la cantidad de tonterías que se le ocurren juntas. El segundo Maldito karma, para mí el mejor con diferencia, con frases memorables y situaciones muy divertidas. Y ¡Muuu! como que no. Es una fábula sobre la felicidad contada por Lolle, una vaca de 3 años, que vive en una granja al norte de Alemania. Los personajes, aún siendo vacas y toros, son demasiado obvios y superficiales, el tonillo de libro de autoayuda con la moraleja final me ha producido sarpullido y, puede que sea la traducción, no digo que no, pero el gato italiano con frases del tipo quando arrivo a casa un capuccino delizioso me ha puesto de mal humor más de una vez por lo estereotípico. No recomendable.



3º - No recuerdo ahora por qué cogí Enterrado en vida del británico Arnold Bennett, pero me ha sorprendido muy gratamente y más porque fue escrita en 1908 (sigo asombrándome de lo poco que ha cambiado la sociedad, en ciertas cosas, en 100 años). La historia se centra en Priam Farll, el más reputado pintor de Inglaterra que es célebre por sus cuadros de policías y pingüinos, pero como es tan tímido nadie le conoce físicamente. Sobre todo porque ha pasado gran parte de su vida en el extranjero junto con su criado Henry Leek, un granuja que era su contacto con el mundo exterior. Cuando Leek muere, Farll no puede soportar salir a la luz y hace creer a todo el mundo que él es Leek y el muerto es el pintor. Obviamente a partir de aquí las cosas se complican. Me he reído de las situaciones, de las ironías, de las descripciones. Me he sorprendido de la crítica que se hace sobre el funcionamiento de justicia británica a través de lo que cobran sus titiriteros. De la crítica que se hace a los marchantes de arte que se embolsan cifras astronómicamente superiores a la de los artistas, sólo por vender la obra. Del puritanismo de la sociedad británica de comienzos del S. XX, de sus costumbres. De las características que imprime a los personajes femeninos a los que da más libertades y autonomía de la que creo que tenían. Me ha gustado y me ha dejado con ganas de leer más sobre este autor, que como decía José Luis Borges posee un estilo sereno, que pasa inadvertido como el cristal.



4º - La vida en las ventanas de Andrés Neuman. De él había leído El viajero del siglo, que aún teniendo muchísimo de El Castillo de Kafka (o quizás por eso), me había gustado mucho. La vida en las ventanas no tanto. Se nota que es anterior y está más verde (el autor y su forma de escribir). A pesar de la portada, las ventanas no son esos marcos físicos que se encuentran en las casas para tener un contacto directo con el exterior, sino que en este caso es "Windows", o sea, el sistema operativo y más concretamente el correo electrónico. Net es un joven que le escribe emails a su ex, la cual nunca contesta. En ellos le va contando su vida, la vida de la gente que le rodea, sus preocupaciones, etc... No me ha gustado que use el formato email para escribir unas parrafadas que cuesta creerse que nadie envíe por ese medio. Es como si quisiera hacer un libro epistolar pero aparentando ser moderno. No me ha convencido. 



5º - El año de la peste de Geraldine Brooks toma el título y el contenido de Diario de el año de la peste de Daniel Defoe, un relato ficticio de las experiencias de un hombre durante el año de 1665, en el que la ciudad de Londres sufrió el azote de la peste negra. En el libro de Brooks la trama ocurre en Eyam, un pequeño pueblo inglés, cuando la peste llega de Londres cebándose con todos sus habitantes. El libro está narrado en primera persona por Anna, una joven de 21 años que cuenta las vicisitudes del pueblo y sus paisanos desde el otoño de 1665, que se da el primer caso de peste, hasta el otoño de 1666 cuando todo acaba. Durante ese tiempo (y esto ocurrió realmente) los habitantes de Eyam se autoimpusieron una cuarentena para impedir su propagación al resto de poblaciones cercanas. El libro no está mal, pero lo que sí que me ha interesado son las descripciones de la vida de la época, de los trabajos artesanales, del desarrollo de la enfermedad... En resumen, lo costumbrista.



6º - La colaboradora de Empar Moliner. A veces veo libros destacados en la biblioteca y los cojo. A veces acierto y otras, como ésta, no. Así que no le voy a dedicar mucho tecleado. Si alguien ha leído el libro de Terenci Moix Chulas y famosas encontrará alguna similitud, porque está centrado en Barcelona, porque habla sobre gente famosa y porque habla sobre la falta de escrúpulos, los excesos de todo tipo, las vidas disolutas... En este caso es una carta de Magda Rovira, una negra (literariamente hablando) que cuenta con supuesta socarronería y con mucho tono de superioridad las triquiñuelas que se dan en el mundo editorial. Me ha parecido bastante deprimente.






7º -  Crímenes de Ferdinand von Schirach. El año pasado ya hablé largamente de otro libro suyo: Culpa y conté que me había gustado mucho cómo estaba escrito. Crímenes es el libro anterior, con el que este abogado alemán se lanzó al mundo literario contando, sin juzgar pero de forma cercana, la vida y circunstancias de personas a las que defendió en los tribunales. Encontré lo que buscaba, así que misión cumplida.



8º - Botchan de Natsume Soseki Este libro es para la juventud japonesa de las últimas cuatro generaciones como El guardián entre el centeno lo es para la juventud estadounidense. Soseki escribió este libro a comienzos del siglo XX. Venía de haber vivido una temporada en Londres, que aunque no le gustó sí que le influyó en la forma de ver el mundo. Defiende la individualidad de pensamiento y acción occidental, frente al comunitarismo nipón. No estoy demasiado de acuerdo con eso, pero le da un toque dicotómico al libro curioso.

Botchan es un joven tokiota bastante solitario y con unas ideas propias muy peculiares y arraigadas que viaja a una pequeña población costera a 700 km de la capital para trabajar como profesor de matemáticas en un instituto. El libro trata sobre lo duro que es para él la adaptación al lugar y a los habitantes. Sin rascar demasiado el costumbrismo de la novela encontramos frases e ideas tan lapidarias como estas: 


Si las disculpas de la gente no son sinceras, el perdón no puede ser duradero 
Si lo que se busca es eludir el castigo, pues bien, en ese caso lo mejor es no hacer la travesura, eso para empezar. Travesura y castigo van de la mano; es la posibilidad del castigo lo que hacer que la travesura sea emocionante 
Aquello me pareció un abuso: trabajaban menos horas, tenían sueldos más altos, y por si fuera poco no estaban obligados a hacer guardias nocturnas. ¡Se trataba de una clara injusticia! Ellos mismos establecían reglas arbitrarias que les beneficiaban, y después actuaban como si se tratara de leyes. ¡Qué caraduras!

05 noviembre 2013

Hablemos un poco de los urcas


Educación siberiana de Nikolái Lilin, habla sobre la vida y costumbres de los urcas, un pueblo siberiano que fue deportado por Stalin a Transnistria, un territorio entre Ucrania y Moldavia. Los urcas son criminales honestos, con unas reglas rígidas y claras, un espíritu comunitario muy fuerte, opuestos a la exhibición de riqueza, al abuso de poder y las personas no dialogantes. 

No es un libro antropológico, aunque pudiera serlo, de alguna manera, sino que Lilin va contando su infancia y adolescencia dentro de esa comunidad (él es urca), lo que veía, lo que aprendía, lo que sentía, lo importante y lo que no, anécdotas y sucesos que le pasaron a él o a alguien conocido... 

He echado en falta el enfoque de género. Los urcas parecen ser una comunidad patriarcal, y aunque en algún momento Lilin comenta que las mujeres criminales son tanto o más respetadas que los hombres, la verdad es que todo se centra en los hombres.  

Recomiendo el libro, salvo para aquellas personas que tienen un sistema de valores muy férreo y un concepto muy claro de lo que está bien y de lo que está mal,  y salvo para los que no tienen ni corazón, ni cabeza, ni estómago para historias truculentas contadas sin paños calientes. Para esos no porque lo van a pasar mal.

Como curiosidad contar que el libro se ha llevado al cine, por el director italiano Gabriele Salvatores (Lilin está afincado en Italia desde hace unos años) y que cuenta con la presencia de John Malkovich y Peter Stormare, lo que parece que le da más caché a la cinta. No he visto la película, pero según lo que aparece en el trailer, cualquier parecido con el libro, es pura coincidencia. 


21 octubre 2013

Diario de un ama de casa desquiciada

Éste es el cuarto libro que leo este año de la Editorial Asteroide y probablemente no sea el último, porque veo que me van gustando sus publicaciones. Diario de un ama de casa desquiciada, de Sue Kaufman, se coló en mi mente en una noche de insomnio. Tanto la portada como el exterior podría ser la cara femenina de El hombre del traje gris de Sloan Wilson y la verdad es que el interior también. Parece que los años de la postguerra en EE.UU. fueron años de crisis existenciales entre la clase media. 

La protagonista es Tina, una mujer de 36 años, casada con un abogado exitoso y con dos hijas guapas y listas, que vive en un buen piso cerca de Central Park en Nueva York en los años 60. Un día comienza a sufrir ataques de pánico y a desarrollar miedos extremos a casi cualquier situación a la que se enfrenta. Con el nulo apoyo de su marido, Tina comienza a escribir un diario de todo lo que siente, hace y piensa y que no le puede contar a nadie.


Un poco a la manera del monólogo de Mamen, en 5 horas con Mario, a través de las reflexiones de Tina, nos vamos enterando de la vida del marido y de las amistades que frecuentan; de qué se esperara de una mujer de clase media en los años 50-60 en EE.UU.; de cómo las discrepancias femeninas y las frustraciones por no poder llevar la vida deseada son vistas como una histeria a tratar médicamente; de las dificultades para demostrar su inteligencia y para discernir entre lo que ellas quieren y lo que los demás les han dicho que tienen que querer...

El libro no sólo está bien escrito, sino que todos los personajes son interesantes y tiene momentos muy irónicos. Me llama la atención lo actual que me ha parecido, y es que, salvo algunos detalles, nadie diría que Sue Kaufman escribiera la historia en 1967. Como curiosidad decir que tuvo tanto su éxito cuando se publicó que fue llevada al cine en 1970. Pongo aquí la película pero ya aviso que tiene una calidad pésima. 




Siempre que leo un libro me gustaría encontrarme con alguien que lo haya leído para comentarlo, pero en esta ocasión ya no se trata de un deseo sino de una necesidad, así que a ver si alguien se anima e intercambia sus impresiones conmigo.

25 junio 2013

Los tacones de mi vecina

No conozco a mi vecina de arriba, aunque, ahora que lo pienso, en realidad no conozco a ningún vecino. Dado que no acudo a ninguna reunión de propietarios (más que nada porque no soy propietaria), quizás debiera haber llevado un pastel de presentación a todos los vecinos de mi bloque, como Bree Van de Kamp en Wisteria Lane. Aunque tal y como anda el nivel de confianza en el prójimo a lo mejor me denuncian por intento de envenenamiento. Déjate, déjate. Lo más normal sería que coincidiera en el ascensor con alguno y comentáramos algo del estilo de "a ver si deja de llover, porque vaya primavera" mientras me fijo en a qué piso va, pero es que debe ser que tengo horarios raros porque nunca coincido con nadie ni en el ascensor ni en el portal. Eso o me evitan.

A mi vecina de arriba me la imagino como Betty Draper, levantándose, a las 6:30 de la mañana de la cama, con el pelo y la cara perfecta. Metiéndose en la ducha y vistiéndose con vestido de vuelo y tacones para, a las 7 de la mañana, ponerse a hacer las labores del hogar. La vecina de arriba es un ama de casa con glamour, que plancha, cocina, pasa el aspirador e incluso limpia el baño con tacones, maquillaje, manicura, pedicura y peluquería siempre a punto. 

Bueno, no sé si va por la casa maquillada y con la manicura hecha, pero de que va con los tacones puestos, va. A las 7 de la mañana, a las 2 de la tarde, a las 10 de la noche, a las 3 de la madrugada, toc, toc, toc, retruenan los tacones sobre mi cabeza, toc, toc, toc, recorriendo los 70 m2 de piso, toc, toc, toc, durante minutos y más minutos. 

El otro día, ya cansada de sus toc, toc, toc, decidí meterle una nota en el buzón, pidiéndole, muy amablemente que por favor, se abstuviera de usar tacones en casa a altas horas de la noche o pronto por la mañana, porque abajo se oía un estruendo que no se podía aguantar. ¿La respuesta? La misma nota devuelta en mi buzón preguntando que a quién iba dirigida la nota y que qué quería decir. Vamos, ¿dónde vas? manzanas traigo ¿La respuesta? El toc, toc, toc, más intenso, más prolongado y a más diferentes horas que antes. Todo un ejemplo de buena educación, buena vecindad y de saber vivir en sociedad. ¡Claro que sí!

El único consuelo que me queda es que le tiene que estar quedando el parquet hecho unos zorros, con esos tacones en plan piolets que debe llevar por la casa, porque por lo demás estoy hasta los tacones de mi vecina. 

14 junio 2013

Rituales académicos u otra forma elegante de llamar a las manías de antes y después del examen

Ahora que he terminado los exámenes de la UNED voy a hablar de una cosa que hago en esta época, y que tras reflexionarla me ha parecido curiosa. Pero antes un resumen informativo, que hace tiempo que no escribo nada demasiado personal en el blog, sobre cómo me está yendo la vida académicamente hablando. 

El año pasado se me fue un poco la mano matriculándome de seis asignaturas de trabajo social. Hice un gran esfuerzo y bastantes malabares para compaginarlas con el trabajo y el inglés y las aprobé todas. Ahora, eso sí, con un desgaste mental bastante interesante. El caso es que me quedaban tres asignaturas para finalizar la carrera. Una la hice en febrero: Políticas Sociales, la cual aprobé. Y dos he hecho en junio: Derecho del trabajo y el Prácticum. Esta última, por cierto, la he disfrutado muchísimo, porque me ha permitido hacer prácticas en una unidad de barrio, y ver in situ cuál es el trabajo del trabajador social institucional. De estas aún no sé la nota y aún creo que tardará un par de semanas en salir. Las espero como agua de mayo como os podéis imaginar. 

Bueno, el caso es que durante la época de exámenes sigo una serie de rituales (y eso que no soy nada supersticiosa), que me ayudan a sentirme más cómoda, más segura y más relajada. Algunos tienen su lógica, pero otros son como los que hace Rafa Nadal cuando practica su saque. Una serie de actos movidos por la costumbre que me ayudan a confiar más en mí y a sentirme más concentrada. Eso o sí que soy supersticiosa.

1.- Nunca pongo música en el coche.

La sede de la UNED de Pamplona está justo al otro lado de la ciudad de donde yo vivo, así que cada vez que tengo un examen tengo que ir en coche. Yo siempre escucho música en el coche. Siempre tengo un CD de canciones varias que se enciende cuando lo arranco y se apaga cuando lo paro. Bueno, los días que tengo examen apago la radiocd. La razón es que tengo una mente muy "espóngica" (y esponjosa, ya que estamos). O lo que es lo mismo, lo que oigo lo retengo y lo repito. Así que si oigo una canción de camino al examen, lo más seguro es que durante el examen esté pensado más en tararear o cantar la canción que en lo que tengo que poner. O sea, que fuera música.

2.- Nunca llevo ni apuntes ni libros al examen.

Hay mucha gente que llega media o una hora antes del examen y se pone como loca a repasar. Yo eso lo hacía antes, cuando no llevaba bien preparada la materia. Pero la edad, y sobre todo, la práctica a la hora de hacer exámenes, me ha hecho cambiar de estrategia. Lo que no me sé no lo voy a aprender en la media hora antes de que comience el examen. Y revisar los apuntes, o el libro, sólo me sirven para sentirme más insegura sobre lo que me sé y lo que no me sé (normalmente para recordarme todo lo que no me sé o lo que no me acuerdo). Así que nada de apuntes. 

3.- Siempre llevo al menos 5 bolígrafos.

Un bolígrafo es normal porque con algo tienes que escribir, digo yo. Dos, si son del mismo color, se podría llamar precaución, por si acaso te falla el primer bolígrafo, pero ¿cinco? Cinco ya es una manía rayana la obsesión. Porque, al fin y al cabo, nunca uso más de dos bolígrafos. Y aquí entraría una submanía de la manía. La de escribir un pequeño esquema de lo que voy a decir a sucio con un bolígrafo y el desarrollo final con otro. No me preguntéis por qué porque no le encuentro sentido, simplemente lo hago. 

4.- Siempre llevo el reloj de bolsillo.

Éste es el ritual que hago cuando llego a mi silla del examen y antes de leer nada. Pongo encima de la mesa mis cinco bolígrafos, mi carnet de la UNED, las gafas si las llevo y el reloj. Aquí tengo que matizar que yo no tengo reloj de muñeca, sino que tengo uno que llevo en el bolsillo. Así, a priori no parece un ritual-manía, sino algo normal lo de llevar un reloj a un examen para poder revisar el tiempo que te queda. Pero lo incomprensible del hecho es: Uno, que en todas las aulas de exámenes hay un reloj más grande que el de la Puerta del Sol, por lo que aunque esté en la última fila y no lleve las gafas vería la hora. Dos, que nunca miro la hora en mi reloj de bolsillo. Por alguna razón me da tranquilidad tener ahí el reloj, como si pudiera controlar el tiempo. 

5.- Nunca miro si han salido las notas hasta al menos 3 semanas después de los exámenes.

En la UNED las notas salen entre 3 y 5 semanas después de haber hecho el examen (un par más si lo hiciste en la primera semana) y sé que hay gente que desde el primer día se mete, de forma obsesiva, en el campus de estudiante para comprobar si ya han salido. Como eso de sufrir por sufrir no es lo mío, me mentalizo para no mirar en la página de las notas hasta al menos 3 semanas después de haber acabado los exámenes. Esto no es ni manía ni ritual, sino un ejercicio de salud mental. 

6.- Nunca releo el examen en la valija virtual antes de saber la nota.

Desde hace un par de años la UNED tiene valija virtual. Antes, los exámenes se metían en un sobre y se mandaban por valija postal a Madrid, donde los corregían. En la actualidad utilizan las nuevas tecnologías, supuestamente para acelerar el proceso -cosa que no se ha hecho de ninguna manera pues tardan lo mismo que antes en dar las notas-, para escanear los exámenes y mandarlos directamente a Madrid. Esto implica, también, la valija virtual, que es colgar tus exámenes en tu campus virtual para que los alumnos podamos ver qué tan bien o mal hicimos el examen. Hay gente que espera con ansia que cuelguen el examen y luego buscan la respuesta en el libro o apuntes y empiezan a calcular si han aprobado o no y la nota que van a sacar. A mí eso me parece una tontería y por eso no lo hago. Mi experiencia en la UNED me dice que hay profesores que al corregir valoran algo más que el hecho de tener las respuestas del examen como la materia que aparece en el libro; Sino que agradecen que esté bien escrito, sin faltas de ortografía ni de coherencia, que esté argumentado y explicado de forma que no parezcas un loro vomitando lo leído sino un ser pensante con opiniones y reflexiones sobre lo abordado. 

Rituales, manías, costumbres o buen juicio. Podéis llamarlo como queráis. La cuestión es que hago eso en todos los exámenes desde hace unos años, y no digo yo que eso es lo que me ayuda a aprobar, que no, que mucho tiene que ver mi experiencia y lo que estudio, pero sí que me ayuda a confiar en mis posibilidades y a no dejarme llevar por los nervios pre y post examen. Espero que no tenga que volver a aplicar estas técnicas, porque eso significaría que he aprobado las dos asignaturas y que me diplomo, pero en el caso de que no sea así, en septiembre seguiré con el ritual, que no por no funcionar una vez pierde su sentido. 

11 junio 2013

La tiranía del whatsapp y la memez de los whatsappeantes

Aviso a los navegantes. Este post no va a contar nada nuevo. Es probable que no me salga ni tan siquiera ameno. Esta entrada la escribo para sacar la mala luna que me embarga con el whatsapp y, sobre todo, con el comportamiento de los y las que lo usan. 

Cada día pienso más de diez veces en borrar el programa de mi móvil, en tirar el teléfono a la basura y rescatar algún antiguo zapatófono del baúl de los recuerdos o en bloquear a la mitad de mis contactos. ¿Que por qué no lo hago? Pues no lo sé, no tengo una explicación a eso, más allá de que soy una incoherente y que se me escapa la fuerza por la boca. 

Hay muchas cosas que me crispan de los whatsappeantes, pero como tampoco quiero cargar las tintas dejo un ejemplo de algunas de ellas:  

1.- La ausencia de horarios

Dónde quedó eso de a partir de las 10 de la noche y antes de las 9 de la mañana no se llama a ninguna casa a no ser que sea una urgencia porque lo demás es molestar. Entiendo que haya gente que tenga insomnio y a las 3 de la madrugada, de un día entre semana, esté deambulando por el mundo más fresca que una lechuga.  También entiendo que haya gente que por trabajo o por placer (bueno, esto último no lo entiendo) se levante, a las 6 de la mañana, con las gallinas, pero ¿es necesario que manden whatsapps con vídeos o fotos chorras o para confirmar la cita de las 8 de la tarde a esas horas intempestivas? 

Absolutamente no. 

Lo más curioso es que cuando me quejo de esto la gente me contesta: "Pues ponlo en silencio o apaga el móvil". No, si al final la culpa será mía. Pues a lo mejor me paso por la puerta de tu casa a las 4 de la madrugada todos los días, a tocar el timbre, y cuando te quejes y te molestes yo te digo:  "Pues corta la electricidad". Ridículo, ¿no? Pues eso. No quiero que nadie me vuelva a mandar ningún puñetero whatsapp más tarde de las 11 de la noche ni más pronto de las 9 de la mañana, a no ser que sea una urgencia o fin de semana y la otra persona sepa, a ciencia cierta, que estoy por ahí de fiesta. He dicho. 

2.- El teléfono escacharrado

No sé si llamáis así a ese juego tan divertido al que, al menos yo, jugaba de niña. Es ese en el que un grupo de personas se ponen en círculo y se van trasmitiendo una frase al oído y la frase que resulta al final es absurdamente opuesta a la dicha al inicio. Bueno, pues mucha tecnología, muchos satélites, ondas y lo que queráis, pero los mensajes de whatsapp acaban siendo como mensajes del teléfono escacharrado. Entre lo "bien" que funcionan las pantallas táctiles de los móviles, que algunas personas no tienen dedos sino salchichas, el maldito corrector que te cambia o directamente se inventa las palabras y que la gente ha decidido que escribir las palabras enteras y correctamente es muy aburrido, es más complicado leer un mensaje de whatsapp que ver una película en codificado en Canal +. Si no os contesto a los mensajes, podéis empezar a pensar que es porque no he entendido la pregunta. Es probable que no os equivoquéis. 

3.- El arte de no decir nada

Hay gente que tiene la extraordinaria capacidad de apabullar al personal con cientos de mensajes, sin decir nada, o al menos nada mínimamente interesante. Fotos del hijo/a, sobrino/a, mascota en todas las posturas y situaciones imaginables, fotos del plato que se van a comer o que ya se comieron, de la cerveza o combinado que se van a beber o que ya se bebieron, fotos de lo bien que se lo están pasando en el concierto de fulano, de marcha con mengano o en la boda de zutano (que digo yo,  que tan bien no se lo estarán pasando si están más preocupados de sacar la foto y mandarla por whatsapp que de disfrutar del momento), vídeos tontos de caídas, chistes o simplemente de mal gusto que ya viste en facebook, en twitter, en el correo electrónico e incluso en otros whatsapps que ya te mandaron, frases de buenos días, buenas tardes, buenas noches, buenas madrugadas, buenas mediastardes, información detallada de lo que hacen en cada segundo del día... que me importa un huevo si te has levantado y te has quitado una legaña o si estás en el supermercado a punto de comprar mahonesa. NO me lo cuentes. NO me interesa. 

4.- La dilatación de la inmediatez

Odio, repito ODIO que me manden un whatsapp preguntándome qué tal estoy y cuando contesto con el típico bien, ¿y tú?, la otra persona tarde horas en contestarme (curiosamente la respuesta suele llegar entre las 11 de la noche y las 9 de la mañana). Si no puedes o no te apetece hablar conmigo, ¿para qué narices me escribes y me preguntas? Escribidme si tenéis algo que comunicarme, si queréis o necesitáis hablar conmigo o si queréis preguntarme algo y conocer la respuesta. Para todo lo demás, no estoy disponible, así que olvidadme e ir a molestar a otro móvil. 

5.- Más vale llamada en mano que mensajes volando

No me voy a meter en el bardal de hablar de que cada vez es más difícil que reciba una llamada al móvil que no sea de una compañía de telefonía (habitualmente no con la que yo tengo contrato), porque ya sé que la gente prefiere mandar un whatsapp a hablar en vivo y en directo, porque son gratis y bla bla bla, pero que digo yo, que si la que llama soy yo, ergo la que se va a gastar el dinero soy yo, por qué no me coges el teléfono y sin embargo no paras de mandarme mensajes a través de este programa infernal. La última fue de una amiga de hace décadas. Llega su cumpleaños y la llamo. No me coge el teléfono. Estará ocupada, me digo. Voy a mandarle un whatsapp para felicitarla no vaya a ser que luego me olvide de llamarla. A los diez segundos de enviar el mensaje recibo uno de ella diciéndome Muchas gracias. Aquí en el blog no hay emoticonos de esos, pero ahora mismo me vendría de perlas una de esas caras de estupefacción. ¿Te pillo ocupada? le pregunto. No, ando aquí tomando un café con una amiga. ¡Ah! Es que te acabo de llamar para felicitarte y no me has cogido. ¡Huy, pues no lo he oído! ¡Yaaaa, clarooooo, la llamada no la has oído, pero el pitido de haber recibido un whatsapp ha sonado como una bocina! Vamos que qué guay que ahora tengamos tantas formas de comunicarnos para hablar cada vez menos y de más tonterías. 

En agosto se me acaba la gratuidad del whatsapp. Creo que va a ser el momento y la excusa perfecta para prescindir de ese "servicio" que tan poco servicio me hace y tan de mala leche me pone. 

04 junio 2013

Las tiroides de Calcetines

Calcetines tiene hipertiroidismo, por eso está tan delgado, aunque con tanto pelo no lo parezca. Llegó a pesar 3,2 kg, lo que para un gato adulto de su tamaño es como de campo de concentración. Ahora y tras cambiarle el pienso por otro para hipertiroidistas, está en 3,4. Sigue delgado pero ya no estudio la osamenta cuando lo acaricio. 

Calcetines tiene problemas de riñón. En los análisis que le hago cada medio año, los rangos de la urea están disparados, aunque con un pienso específico para felinos con problemas renales está más controlado. 

Calcetines tiene problemas de dentadura. Tenía un aliento horroroso, como de calle de Casco Viejo en Pamplona en plenos Sanfermines. Le durmieron, le limpiaron los dientes y le quitaron un colmillo. Ahora ya no te tumba al suelo cuando te lame o cuando bosteza, pero probablemente tras ese colmillo irán un par de dientes más. 

Calcetines tiene problemas de estrés. En ocasiones vomita (aunque hace tiempo que no lo hace) y últimamente se lame y se lame las patas hasta quitarse el pelo y dejarse la piel casi en carne viva. 

En realidad lo que Calcetines tiene son años. El mes que viene cumplirá 12. O eso creo, porque hace once años y medio Calcetines apareció en la puerta de mi casa, desnutrido y sin pelo. Lo llevé al veterinario, lo vacuné, le di de comer y me lo quedé. Hasta hoy. Cuando me encontró tenía 6 meses, a punto de entrar en celo, así que ante la duda de en qué fecha nació le he puesto su cumpleaños el 19 de julio. 

A pesar de los años, Calcetines está muy ágil y sigue brincando como un rebeco. Aunque ahora duerme mucho, muchísimo. Eso sí, sigue un horario personal muy particular. Probablemente duerma unas 20 horas al día (aunque bien podría estar meditando con los ojos cerrados, quién sabe), y parte de las que no (y reclama que yo tampoco) son de las 5 a las 8 de la mañana. Como un bebé, que molesta pero al que se le aguanta porque se le quiere.

Calcetines es un sol. Conmigo, con las visitas e incluso con Ojos Amarillos, aunque le pinche para sacarle sangre cada vez que le visita. 

Calcetines es parte de mi vida y cuando se vaya seguirá conmigo. Aunque sea sólo a través de los pelos que dejó en toda mi ropa. 

01 septiembre 2012

Y llegó septiembre...

Septiembre llegó deslizándose entre los rayos de luz, el calor, las sandalias, los helados, el olor a cloro, la arena en las toallas, el aftersun, los incendios despiadados, el pincho y el mosto en la terraza, la paella, la galbana... 

Llegó septiembre y con él la vuelta a la rutina, a la jornada laboral de mañana y tarde, a los gritos de los niños en las horas de entrada y salida del colegio, a los atascos mañaneros y vespertinos, a los comercios abiertos, a las llamadas de teléfono sin miedo a estar molestando a alguien que duerme o está en la piscina, a las clases, a la desaparición de turistas de las playas y ciudades, a la lucha del otoño por hacerse hueco y al verano por no perder su reinado, a las frutas de invierno, a las lluvias, al cambio del té helado por té caliente, a los libros de texto, a los supermercados llenos el sábado por la mañana, a las tardes de fútbol, a las nuevas temporadas de las series favoritas, a las hojas de los árboles cayendo de una en una como copos de fuego, a la recogida de la nuez y la avellana, a la berrea de los venados y ciervos en busca de novia, a la manga larga, las chaquetas de lana y los zapatos de lluvia...

Llegó septiembre. El mes de transición y de adaptación. Llegó septiembre y con él la estabilidad. Llegó septiembre y ya puedo ver, al fondo, la silueta de mis vacaciones. Llegó septiembre y soy un poco más feliz. 

17 julio 2012

Siesta o no siesta, esa es la cuestión

España tiene la fama en Europa de ser el país de la siesta y la fiesta. Lo de la fiesta debe de ser porque duplicamos en número total de bares al resto de  nuestros vecinos europeos (concretamente, en nuestro país, hay un bar por cada 128 habitantes) aunque no en consumo alcohólico (lo que está muy bien, ya que significa que nos divertimos, pero con moderación etílica) y porque somos tan sociables que las fiestas las hacemos en la calle, donde todo el mundo nos ve, en vez de en casa de amigos, como suele suceder en el resto de Europa. 

Y lo de la siesta porque sí, porque es verdad que en Europa sólo los bebés duermen después de comer, pero es que nosotros tenemos ese maravilloso turno partido que, sobre todo, en las ciudades pequeñas, te deja dos o tres horas sueltas en mitad del día que posibilita que te dejes caer a los brazos de Morfeo. También es verdad que nos acostamos muyyyyy tarde y nos levantamos a la misma hora que nuestros vecinos (ergo, dormimos menos horas). Y también es verdad que, sobre todo en verano, ponerse a trabajar a las 4 de la tarde con toda la solana está recomendado sólo para valientes o para los que no les queda otra y es que el calor aplatana. Y quien diga lo contrario, miente. 

Tras esta justificada introducción os contaré que a mí no me gusta echar la siesta. De hecho a los que me rodean tampoco les gusta que la eche (afortunadamente para ambos es una práctica que hago de ciento en viento). ¿Por qué? Pues sencillamente porque me levanto de una mala leche que no me aguanto ni yo misma, así que no estoy en disposición de pedir comprensión ni paciencia por parte de los demás. 

La siesta, para que sea efectiva y saludable tiene que ser de 20 minutos. Cuántas veces habremos oído esa frase, pero me pregunto yo: ¿20 minutos de sueño efectivo o 20 minutos desde que te acuestas hasta que te levantas? Si es lo segundo yo disfrutaría de unos 10 minutos de siesta porque me cuesta dormirme y por qué no decirlo, también despertarme. Así que me vais a perdonar, pero me parece ridículo acostarme para dormir 10 minutos que no me sacan de nada. Si es lo primero el proceso siestero se me convierte en una hora de me pongo cómoda, me echo en el sofá o en la cama, me pongo un documental de las prácticas de camuflaje de los camaleones de Madagascar o abro un libro de Karl Popper (3 líneas son suficientes para que caiga como un lirón) y claro, pues como que a veces no tengo tanto tiempo y el proceso queda descartado. 

El día que me echo la siesta es porque estoy reventada y no puedo evitarlo. Y ese día no duermo 20 minutos, duermo 2 o 3 horas. Así que cuando me quiero levantar son las 7 de la tarde y tengo el cuerpo destemplado, el estómago revuelto y la cabeza pesada. Me entra una mala leche que me molesta hasta respirar, así que os podéis imaginar lo que me molestan los demás... y empiezo a pensar que he perdido toda la tarde y que a ver ahora quién es la guapa que se va a la cama a una hora respetable y que ya que estoy con pijama (porque si he dormido dos o tres horas me he puesto el pijama y he pasado del sofá para irme a la cama) pues qué pereza cambiarse para salir a tomar algo y mejor me quedo en casa y qué mal me siento que soy como una seta y que pierdo el tiempo sin hacer nada. Y claro, como luego no puedo dormir me quedo hasta las tantas leyendo o viendo series y al día siguiente me tengo que levantar pronto por lo que después de comer estoy reventada y me echo la siesta y el ciclo sin fin vuelve a comenzar. 

¿Y qué pasa si me despiertan a los 20 minutos? (porque está claro que yo, por mi mano mayor, no lo hago), pues que también cabreo. Porque siempre que duermo, sueño y casi siempre que sueño, me acuerdo y que te despierten en mitad de un sueño es como estar viendo una película y te la corten a la mitad sabiendo que no la vas a poder volver a ver en toda tu vida. Si el sueño es pesadilla bien, pero cuando es uno de esos sueños en los que uno vive una historia alucinante, que te dejen a medias molesta, y mucho, y la realidad que me encuentro cuando abro los ojos me parece más fea y sórdida y me enfado con la realidad por ser como es, con la persona, animal o cosa que me despertó, con el que esté a mi lado por permitir que me despertara y conmigo misma por ser tan petarda de enfadarme por esa chorrada. 

Así que creo que coincidiréis conmigo que mejor que pase del deporte nacional y ocupe ese tiempo en labores menos placenteras pero, probablemente, más productivas.

Y ahora, a dormir, que ya es hora. Dulces sueños.   

10 julio 2012

En las penas y afanes consulta los refranes

Yo soy muy refranera, supongo que por mis orígenes castellanos. Por eso y porque tanto mis abuelos como mi madre han utilizado siempre un montón de dichos populares. Y yo sigo la senda. Tanto que, en ocasiones, me llaman la abuela cebolleta. Sobre todo la gente más joven. Porque es curioso, pero a pesar de todos los que hay (al menos media docena para cualquier situación en la que te encuentres) se está perdiendo la costumbre de decir refranes. Y a mí me da pena, porque me encantan. En ocasiones son certeros, a veces son divertidos, muchos tienen contrarrefranes, pero todos, todos, expresan un sentir o una experiencia popular. 

Voy a hablaros de algunos de los que yo suelo usar (algunos políticamente incorrectos, aviso).

Donde dije digo, digo Diego: Esto se puede aplicar, perfectamente, a los políticos, que te dicen una cosa y después no sólo dicen otra sino que además dicen que dijeron otra.

Consejos vendo, para mí no tengo: Encaja muy bien cuando una amiga te dice qué tienes que hacer en tal o cual situación cuando ambas sabéis que ella no sigue sus propios consejos.

A caballo regalado no le mires el dentado: Lo uso pero no estoy de acuerdo con él. Sí que es verdad que está feo eso de quejarse por algo que te han regalado, pero también es verdad que algunos regalos son casi un insulto y que puedes aceptarlos pero cuesta más agradecerlos.

Pueblo pequeño, infierno grande: Malas lenguas, bulos, cotilleos, presiones... cuanto más pequeño sea el lugar en el que vives más difícil puede ser la convivencia con los convecinos.

Amigo que no da y cuchillo que no corta, aunque se pierda poco importa: Éste lo decía mucho mi abuelo y estoy totalmente de acuerdo con él. No tiene que ser un dar material, pero un amigo te tiene que aportar algo (positivo, se entiende), si no no tiene sentido tenerlo.

Ande o no ande, caballo grande: Lo uso en tono jocoso porque tampoco comulgo mucho con su contenido. No siempre lo más grande es lo mejor. De hecho, tiene su contradicho: "Los mejores perfumes vienen en frasco pequeño".

De mica en mica s'omple la pica: Refrán catalán que uso muchísimo y que traducido es algo así como "Poco a poco se llena el fregadero". Vamos, que no hay que tener prisa porque poco a poco uno consigue lo que quiere. Como soy muy impaciente lo uso, básicamente, conmigo misma.

Encima de puta pongo la cama: Este dicho es castellano antiguo y se utiliza cuando sientes que no sólo te menosprecian sino que además abusan de ti. Encaja muy bien con el trato que los políticos actuales nos están dando a los ciudadanos de a pie.

No me tiznes, le dijo la sartén al cazo: Éste y el siguiente van un poco por el tema de ver los defectos en los demás y no en uno mismo.

Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo: Sabiduría popular relacionada con la meteorología y la observación de los fenómenos que se producen en la naturaleza. No es que yo haya visto muchos grajos en mi vida, pero a veces apetece decirlo.

Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo: Esto sería antes, porque ahora con eso del cambio climático no se puede decir ni el cuarenta de mayo, ni el cincuenta de junio ni el veinte de abril. Que hace frío y calor cuando le sale del tolondrín. 12 grados un 10 de julio y 24 un 29 de diciembre. Una locura para la naturaleza.

Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar: Los fenómenos (sobre todo las desgracias) se expanden, así que cuando veas que la gente de tu alrededor comienza a modificar su comportamiento o le empiezan a pasar cosas, algo está por llegar. En los últimos años este refrán se podría aplicar al tema del paro. Primero te dicen que la empresa en la que trabajaba fulanito cerró y se fue a la calle. Luego ya no es fulanito sino que es tu cuñado o tu amigo y de pronto empiezas a dejar de dormir por la noche porque te temes que la siguiente eres tú.

Con cuatro pedos y cuatro tufas se queda la cama como una estufa: Éste, así dicho, es un poco guarrillo, pero cuando te encuentras en uno de esos momentos tierra trágame, da mucho juego para salir del paso con una cierta dignidad y jocosidad.

Hasta aquí llegan mis aportaciones de hoy, pero como hay miles de refranes y de variantes de un mismo refrán os animo a que dejéis qué dichos populares soléis usar y para qué. Porque ya sabéis: "Mujer curiosa, tiene un refrán para cada cosa".

23 junio 2012

Cine a 3 euros

Ayer me dieron una gran alegría que compensó el hecho de que me perdiera la excursión a Madrid. Me enteré de que los cines Golem Baiona y Yamaguchi están de 30 aniversario, y que, por eso, hasta el 28 de junio todas las entradas (menos 3D) costarán 3€. Y me he dicho, pues ¡hala! desde hoy y hasta el jueves de la semana que viene, todos los días al cine. 

Hace un rato, mirando la cartelera para decidir qué película voy a ir a ver, toda mi alegría se ha ido por el desagüe. NI UNA sola película en versión original. No es que Pamplona sea el paraíso de las películas sin doblar, pero Yamaguchi siempre tiene una en versión original (lo que en muchas ocasiones se convierte en el criterio de elección de película, aunque parezca muy snob y bastante estúpido). Bueno, pues esta semana no. 

Y yo quería ir a ver la de Las chicas de la 6ª planta, que me la ha recomendado una compañera de trabajo con la que suelo coincidir en gustos y está en cartelera. Pero hace un par de semanas, yendo para Santander, escuché una crítica en la radio en la que recalcaban que esta película hay que verla en versión original, que si no pierde mucho. Y es que las cintas en las que el idioma es un personaje más (Spanglish, Dame 10 razones, Modern Family, que se me ocurran ahora) si se ven dobladas pierden buena parte de su esencia. En fin, ya veré lo que hago. 

Mientras tanto os dejo los trailers de la película, tanto en v.o. como dobladas y me decís qué opináis. La verdad es que en la versión doblada todos los franceses suenan a Pepe le Pew y queda, muy, pero que muy raro, que las actrices españolas no se hayan doblado a si mismas.

                                         
                                          Tráiler doblado



                                          Tráiler subtitulado

16 mayo 2012

Rasca y gana

Después de unos días de mudez por culpa de un fallo en el portátil [nota mental: escribir un post sobre la fugacidad de las nuevas tecnologías y sobre la tremenda cara dura de los servicios técnicos] vuelvo a la carga para hablar sobre un golpe de suerte que tuve la semana pasada y que se ha materializado esta mañana. 

Debajo de mi casa hay un supermercado, concretamente un Supercor, al que voy a comprar casi todos los días, por sus amplios horarios y su cercanía, no por su precio, que de barato no tiene nada, por cierto. El caso es que durante dos semanas han estado haciendo una campaña donde por cada compra que superara los 25€ te daban un cartoncillo de esos de rascar. Primer cartoncillo - sin premio. Ua ua uaaaaaa. Viaje en el tiempo a aquellas tapas de yogures y a los palos de los polos con el "siga buscando" perpetuo. Segundo cartoncillo - ha ganado un carro de productos. ¿Cómo? QUE HA GANADO UN CARRO DE PRODUCTOS. ¿En serio?, ¿yo? No me lo puedo creer. ¿A quién llamo para contárselo? A mi madre, que entenderá mi emoción, pues asombrosamente a ella también le tocó un carro de productos hace apenas un mes en los Supermercados BM.

Jueves 3 de mayo
Mamá, que me ha tocado un carro de productos. ¿En serio, hija? Como a mí. Sí, ya lo sé. Qué suerte, ¿verdad? Sí, ¡ya te digo!. Tanta que me dan ganas de ir a comprar un boleto de lotería, para aprovechar el tirón. Bueno, ¿y qué te ha tocado? Pues no lo sé, porque me dicen que hasta el 10 de mayo no lo puedo recoger. ¿Qué te tocó a ti? Un montón de productos, sobre todo de comida, por valor de 100€. ¡Guau! 

Viernes 11 de mayo
Hola, buenas tardes. Venía porque me ha tocado un carro de productos. ¡Qué suerte! ¿no? Sí, gracias, mucha suerte. El problema es que no nos han llegado todos los productos. Si quiere se puede llevar ahora los que tenemos y cuando lleguen los que faltan le llamamos. ¿Cómo que no le han llegado los productos? Yo creía que te daban productos del supermercado. Vamos, de los que están aquí ya. No, no, nos los mandan de Madrid. Ahhh, será por abaratar costes... Bueno, que le quería decir que yo es que tengo un problema con los lácteos. O sea, que tengo intolerancia a la lactosa y me preguntaba que si incluyen leche me la pudieran cambiar por una de las mías, de las de sin lactosa. Entiendo que no puede superar el importe del carro, por eso cambiaría 2 litros de leche normal por 1 de los míos. No, lo siento, pero es que como te he comentado los productos nos vienen de Madrid y no podemos hacer nada. Ah, vale. Gracias de todas formas. ¿Y cuándo creen que llegarán los productos que faltan? Hombre, pues no sé, pero hay plazo hasta final de mes. Sí, pero el plazo es para que yo lo recoja, no para que me lo deis vosotros, que anunciáis que se puede recoger el premio desde el día 10, pienso ya con un puntito de mala leche. 

Miércoles 16 de mayo
Mensaje en el contestador. Hola, buenos días, le llamaba para decirle que ya puede pasar a recoger el carro de productos por el supermercado. Holaaa, qué tal. Vengo a recoger mi carro. Sí, ahí está. ¡¡Menuda suerte que has tenido!! Sí, sí, no es por quejarme, pero está un poquito escaso, pienso yo. Vamos que en vez de llamarlo carro de productos tendría que ser cesta de productos. 2 litros de leche: no puedo tomarlo, cereales: no puedo tomarlo, galletas: no puedo tomarlo, pan de molde: no puedo tomarlo. Valor total del carro: 50€ [el de mi madre era de 100€]. Sí, estoy que salto de alegría. Lamb, a caballo regalado no le mires el dentado. Regalado. Esa es la palabra clave. Que el hecho de que te regalen algo (o sea, excedentes que tienen) no significa que tenga que hacerles la genuflexión. Que yo entiendo que hay muchas familias que darían lo que fuera porque les tocara (aunque mucho producto de limpieza y poca comida, que digo yo que será para poder seguir el lema de "pobres pero limpios"), pero el carro no es del otro jueves como para que te vayan repitiendo que qué suerte (¡a alguien le tiene que tocar, ¿no? Entonces por qué no a mi que compro ahí todos los días!) a diestro y siniestro con esa mirada de "mira que buenos y generosos que somos". Pues no. Sois un poco ratas. ¡Joer! que sois El Corte Inglés, que se pavonea de haber tenido un beneficio neto, en 2010, de 319,41 millones de euros. Si tendré que estar agradecida y todo por poder ser intermediaria entre el supermercado y alguien que pueda disfrutar de los productos. Pues ya no lo quiero, ¡¡ea!!

En fin, que ya estoy buscando beneficiario de un carro de "excelentes y variados" productos. Ahí os lo dejo por si a alguien le interesa algo.


10 mayo 2012

6 cosas imprescindibles cuando estudias

Como ya comenté en un post anterior ando estudiando una carrera en la universidad a distancia. En un par de semanas tengo los exámenes y, haciendo gala de una espectacular planificación me doy cuenta de que o me pongo ya a estudiar o me espera un verano ocupado. 

Es muy curioso esto del estudio. Después de años y años de experiencia estudiantil he llegado a la conclusión de que estudiar es el mayor motivador que existe sobre la faz de la tierra. ¿Motivador para qué? Para hacer cualquier cosa. Sobre todo aquella que no harías, o que te costaría hacer, si no tuvieras que estudiar. A pesar de los años, de la experiencia y del poco tiempo que tengo para estudiar, cada vez que me siento delante del libro me acuerdo de algo que inevitablemente tengo que hacer en ese momento. O me surge algo que es imposible que deje para después. 

Como tengo que estudiar, he estado pensando y he decidido agrupar estas necesidades imperiosas en seis grandes grupos:

Orden y limpieza
De lo que sea. Da lo mismo. Te sientas delante del libro y por el rabillo del ojo ves algo que no está donde debiera de estar (no sabes cuál es su lugar adecuado, porque lo recuerdas siempre ahí, pero no pasa nada que ya se te ocurrirá dónde ponerlo), ropa que dejaste para planchar (hace, al menos una semana), una mota de polvo en la esquina derecha superior del cuadro que tienes delante... Lo que sea. Ponte que eres capaz de obviar todas esas tentaciones y acabas estudiando. Un rato solo, que tampoco es plan de agotarse prematuramente. Vas a la cocina y abres el frigorífico para coger algo para comer. Ohhhh, ¿qué es eso de color indefinido que hay en la segunda balda? Haces memoria y recuerdas que es un poco de tomate que se te cayó el día que te hiciste macarrones con tomate. Hace... ¡¡un mes!! Tendría que limpiarlo. Eso y las cinco mil manchas más que de pronto ves que tiene tu nevera. Te resistes porque ya sabes que limpiar el frigorífico es sacarlo todo y montar un cirio en la cocina y tampoco es eso. Así que cierras la puerta y decides que es hora de volver al tajo. 

Abres el armario de la cocina donde está el cubo de la basura para tirar la cáscara del plátano que te estás comiendo y se te cae una pielecilla al lado del cubo. Te agachas a cogerla y ahí estás perdida. Al lado de la pielecilla hay una mancha y tú, ingenuamente, piensas que no te cuesta nada coger un trapo y limpiarla. Esa mancha que estaba ahí hace una semana, cuando no tenías nada que hacer. Esa mancha que ya estaba ahí cuando fuiste a vivir al piso, hace casi un año. Esa mancha que si utilizáramos el carbono 14 descubriríamos que fue hecha por un antepasado del paleolítico superior y que casi mejor que la hubieras dejado como estaba, porque seguro que era una pintura rupestre o algo así. Pero no. De pronto la mancha te molesta y no puedes evitar ponerte los guantes, sacar todo lo que hay en el armario y diciéndote que es cuestión de un minuto, ponerte a hacer la limpieza primaveral de los últimos tres años. Cuando acabas, estás toda ufana, porque ¡qué demonios, mira que limpio te ha quedado todo! pero la alegría te dura lo que tardas en mirar el reloj y darte cuenta de que te has fundido una hora y media por una mierda de mancha que si no habías visto hasta entonces no sería tan importante limpiarla. 


Acicalamiento
Estás sentada delante del libro y lo único que ves, a parte de un borrón de palabras, son tus manos. Te han crecido las uñas. Quizás debiera de cortármelas. Bueno, cuando acabe este tema. Tengo una pielecilla en el pulgar. Déjala. Pero me molesta. Mira, se me está haciendo más grande. Claro, si no dejas de rascarte con la uña. Es que las tengo largas, ya te lo he dicho. Bueno, tampoco se tarda tanto en cortarse uno las uñas. Y allá que te vas al baño. Craso error. Llegas, enciendes la luz, te miras al espejo y ya no hay vuelta atrás. Huyyy, mira qué pelo me ha salido en la ceja y ahí que sacas la pinza de depilar. Te acercas al espejo magnificador y comienzas a gritar "Houston, Houston, tenemos un problema". Mira que tienes seca la piel, ¿por qué no aprovechas ahora, que no vas a salir de casa, y te pones la mascarilla de barro que te regalaron por navidad? Tienes que dejarla 30 minutos, pero no importa, así aprovechas para cortarte las uñas y quitarte la pielecilla y depilarte las cejas y ahora que lo veo tampoco pasa nada si me corto las uñas de los pies y ¡mira que gracioso!, casi no puedo mover la cara porque el barro se ha secado. No, en serio, que no la puedo mover. Joer, joer, joer, que ponía media hora y la he dejado casi una hora. A ver si se me va a quedar la cara como la de Nicole Kidman y luego ni reír ni hablar ni nada. Te quitas la mascarilla y se te queda la cara más seca que una mojama. Y necesitas echarte crema como para hidratar el Sahara. Y ya se te ha pasado una hora y media sin darte cuenta y sin pegar palo al agua. 

Beber agua
Y hablando de agua. ¿Qué pasa cuando estudias que necesitas beber litros y litros de agua? ¿Acaso estudiar deshidrata más que correr la maratón? Hay gente que decide llevarse una botella a la mesa de estudio. Yo prefiero levantarme de cuando en cuando, y así estiro las piernas. El problema es que puedo levantarme alrededor de doce veces en una hora y no siempre porque tenga una sed abrasadora. Aquí estoy expuesta a dos trampas. A la de la limpieza compulsiva (suelo beber agua de la nevera) y a la del acicalamiento, porque todo lo que entra sale y, vamos a ser honestos, estudiar no deshidrata, así que cada dos por tres al baño. Vamos, que estudiar un tema me puede llevar horas. 

Buscar
Cuando estoy estudiando, la cabeza se me va a los pensamientos más peregrinos. Y, de pronto, la chorrada más grande se convierte en cuestión de Estado. ¿Dónde metí el bañador rojo? Está en el tercer cajón. No, que el otro día lo abrí para coger los guantes y no lo vi. Necesito encontrar el bañador rojo. Pero si está lloviendo y hay 6º en la calle. A ver, ¿quién te dice a ti que con esto del cambio climático no haga mañana 30º y pueda ir a la playa? Pero si en Pamplona no hay playa. Pues me voy a Donosti. Pero si tienes que trabajar. Ya te vale, la cuestión es ponerle pegas a todo. Esto me recuerda a esa canción. ¿Cómo se llamaba? Yo que sé, ¿qué canción? Esa que dice nanana nana nanananaaaa. Pufff, ni idea. ¿No te sabes la letra? Espera que enciendo el ordenador y lo miro en Google. 

Game over!! Enciendes el ordenador y buscas el título de la canción, luego la canción en youtube, luego la letra para cantarla, luego miras el periódico para ver que ha pasado en la media hora que has estado alejada del mundo, luego te miras el facebook y el correo, y te han mandado emails chorras de esos que siempre borras. Pero hoy no. Hoy los miras. Todos. Y ya perdiste dos horas más de estudio.

Leer
Cuando tengo que estudiar dejo aparcadas las novelas. Salvo que tenga menos de 150 páginas que entonces, pues no cuesta nada leerlas, que no pasa nada porque le dedique un par de horas o tres a leer, que así me despejo. Pero vamos, que, por lo general las dejo aparcadas. Pero vas al baño, a orinar los 10 galones que te has bebido y a cortarte las uñas. Y el baño está lleno de peligros para una lectora empedernida, como yo. 

Como actua
O refrescante gel de limpeza com suaves pérolas de limpeza revitaliza imediatamente a sua pele e purifica-a em profundidade, ajufando-a respirar novamente. 
A sua fórmula suave remove eficazmente as impurezas e a maquilhagem, sem secar a pele. 
Resultado
Perfeitamente limpa, a pele fica com um aspecto saudável, revitalizada en com uma sensaçao de suavidade.
Ingredients
Aqua, Cocaminopropyl Betaine, Sodium Myreth Sulfate, Acrylates Copolymer...

¿Creéis que se puede estudiar sin haber leído antes eso? Imposible. 

Escribir 
Como por ejemplo este post. Es increíble la creatividad que me inunda cuando tengo que estudiar. Si habitualmente tengo una idea o dos para plasmar en un post, cuando estudio se convierte en 8 o 9 ideas. Y claro, cómo vas a dejar que toda esa creatividad se te escurra por el tobogán de la memoria. No, mejor te pones delante del ordenador y, al menos, pones las ideas principales para escribirlo más tarde. Y escribes tu primera idea y como el hilo de Ariadna tienes que seguir y seguir y jo, yo creo que una imagen de un perro con una lupa le vendría bien para ilustrar eso que dices así que te pones a buscar la imagen y qué graciosa esta foto que no tiene nada que ver con lo que busco pero... Otra hora y media más sin tocar el libro y ahora te tienes que ir a clase de inglés, así que ¡vamos, date prisa que vas a llegar tarde!