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30 abril 2014

Lecturas de abril

Y abril se acaba y es hora de hacer balance de lo leído. 


1º - Cordero de Christopher Moore. Se supone que es uno de los cinco libros más divertidos de la historia y bla, bla, bla... no sé quién ha dicho esa chorrada pero, vamos, estoy totalmente en desacuerdo. Parte del hecho de que en la Biblia la vida de Jesús tiene un agujero enorme desde que nace hasta que cumple los 30 años y se pone a predicar. Así que desde el cielo quieren corregir esto y resucitan, 2000 años después, a Levi, llamado Colleja, el mejor amigo de Jesús y que no aparece en la Biblia, para que cuente qué paso durante esos años. Las salidas del tiesto, idioteces y "absurdeces" se multiplican a lo largo que avanza el libro y no me ha gustado nada de nada. ¿Queremos humor absurdo en torno a la figura del Mesías? Pues para eso está La vida de Brian de los Monty Phyton, que son casi insuperables. 




2º - Entre limones del británico Chris Stewart, ex batería del grupo Génesis. Hace poco más de 2 décadas decidió dejar toda su vida en Inglaterra y comprar un cortijo semi derruido en las Alpujarras granadinas, donde se fue a vivir con su mujer, Ana. El libro habla sobre ese viaje, tanto interior como exterior, los choques culturales, los paisajes, los habitantes de la zona tanto autóctonos como foráneos, los avances en la reconstrucción del cortijo, la plantación del huerto, la ganadería... El libro es curioso pero de una condescendencia irritante. Stewart ama todo lo español, pero lo critica como un padre criticaría las idioteces que hace su hijo pequeño. 

Hace 25 años en España arábamos con mulas, no sabíamos lo que era una esquiladora mecánica, las personas mayores de 50 años no sabían leer ni escribir, eramos todos unos engañadores, los médicos confundían las piedras en el riñón con un cáncer de vesícula mortal, nuestra alimentación rayaba lo prehistórico... En fin, que está escrito para los británicos, que les gusta mucho eso de viajar a otros países y decir eso de "me encanta, qué pintoresco, pero menudos trogloditas están hechos estos (añádase nacionalidad) y qué valiente soy al meterme en esta leonera". La fórmula le sirvió a Paul West y la fórmula le ha servido a Chris Stewart, que tras este libro escribió El loro en el limonero

Lambsister se leyó también el libro y no le dio esa impresión, así que puede que sean imaginaciones mías. Si alguien lo ha leído, me gustaría cotejar opiniones.



3º - Epiléptico. La ascensión del gran mal del dibujante francés David B. Es una de estas novelas gráficas que yo suelo leer y que, en este caso, me prestaron (últimamente me prestan tantos libros que ya no tengo que ir a la biblioteca). Tiene cerca de 400 páginas y se puede decir que no es un libro bonito. Es interesante, me hizo pensar, me dio yuyu en algún momento y me gustó en otros, pero bonito no es. 


Es una novela autobiográfica donde David B. cuenta cómo influyó la epilepsia de su hermano mayor en el desarrollo de su infancia y adolescencia (del autor, no del hermano). Y lo cuenta sin tapujos, sin paños calientes, de forma cruel en ocasiones, de forma tierna en otras. Es un libro valiente y, creo yo, que terapéutico, porque se ve que este señor tenía mucho guardado con este tema. Ahora bien, no sé cómo le afectó familiarmente la creación del libro, porque tuvo que remover mucha arena. 

Esta obra se considera una de las más importantes de los años 90 (fue escrita y dibujada entre 1996 y 2003). Quizás porque utiliza mucha simbología en sus dibujos o porque estos son una parte más del relato (cuenta tanto o más el dibujo que el texto). Sea como sea no creo que deje a nadie indiferente. 

Como curiosidad decir que este autor fue la mayor influencia de la iraní Marjane Satrapi, conocida mundialmente por "Persépolis".

4º - Novecientos de Alessandro Barico, autor italiano creador de la bonita historia de Seda. Una de las cosas que más me gustan de este escritor es que sus libros son breves. Pocas historias necesitan más de 500 páginas para ser contadas, así que, por favor, escritores y escritoras, no os empeñéis en gastar papel y tiempo en hacer obras eternas que dicen mucho y cuentan poco. 

Pero volvamos a la obra en cuestión. Novecientos es un monólogo teatral que nos cuenta que, a finales del S. XIX y principios del S. XX, en un barco de pasajeros que se dedicaba a hacer la ruta Europa-América y viceversa, había un pianista estadounidense que tocaba en la orquesta que amenizaba el viaje a los pasajeros (de primera clase, desde luego). Un día, el pianista encontró, dentro del barco, una caja con un bebé dentro y decidió adoptarlo y ponerle el extraño nombre de Danny Boodmann T.D. Lemon Novecento. Danny Boodmann porque era el propio nombre del pianista. T.D Lemon porque era lo que aparecía en la caja en la que fue encontrado. Y Novecento porque era el siglo que acababa de terminar. 

La vida de Novecento está marcada por dos elementos. El primero es que se convierte en un pianista extraordinario (tanto que la gente hace el recorrido en barco sólo para escucharle). El segundo es que, primero porque no tiene papeles y después por costumbre, Novecientos tiene casi 30 años y nunca ha bajado del barco. El resto hay que leerlo. 

Y, para los menos lectores o más cinéfilos o ambos, informaros que Giuseppe Tornatore (el director de Cinema Paradiso) llevó al cine la historia con Tim Roth como Novecento (no le pega nada, por cierto). No he visto la película, pero por el trailer me da la sensación de que no le hace justicia al libro. Leed, ved y determinad.



5º - Sabor a chocolate, del músico malagueño José Carlos Carmona, es uno de estos libros de los que nunca había oído hablar, de los que no esperaba nada y de los que me dejaron muy buen sabor de boca (como su título indica). En su momento no me di cuenta (conscientemente), pero ahora que reflexiono para poder escribir esto, me doy cuenta de que está contado como si fuera una canción. Incrementando y desacelerando el ritmo según el momento y con transiciones y pausas cuando la historia así lo solicita. 

Es una historia de amor donde se mezcla la música y obviamente el chocolate. Es la historia de Adrian Troadec (Suiza - principios del S. XX) que se enamora de una joven cuando la ve salir de clase de música y que se traza un plan (a laaaaargo plazo) para conquistarla. Un día descubre que a ella le encanta comer dulce cuando acaba un concierto y él decide abrir una tienda de chocolates y posteriormente crear la primera fábrica de chocolates de Suiza, a ver si por el estómago la conquista. Por el medio, o más bien por el fondo, se producen dos guerras mundiales y un montón de acontecimientos que hacen que su plan se complique. 

De este libro, y eso no me pasa muy a menudo, me gustó tanto lo que cuenta como cómo lo cuenta. Lo recomiendo. 

6º - Últimamente estoy muy perezosa para leer libros en inglés, pero éste, como me lo prestó Farfalla y como lo tenía a la vista desde hacía tiempo decidí abordarlo. Minding Frankie [Cuidando a Frankie] de la irlandesa Maeve Binchy es la historia de un barrio de Dublín o más bien de sus habitantes. Y cómo todos se movilizan para cuidar a Frankie. Pero, ¿quién es Frankie? Antes de conocer a Frankie hay que conocer a Noel. Noel es un joven de veintitantos, alcohólico, eremita, sin ninguna esperanza ni planificación vital y que aún vive con sus padres. En la vida de Noel se dan dos acontecimientos que le dan la vuelta a su vida. El primero es que llega una prima de EE. UU. a quedarse una temporada en casa. El segundo es que recibe una llamada de teléfono de una chica con la que tuvo una noche de sexo y alcohol y que le informa de que tiene un cáncer terminal, de que está a punto de dar a luz y de que la hija que espera (Frankie) es de él. 

La llegada de Frankie al mundo hace que Noel tome su vida por los cuernos y decida no malgastarla, pero ¿quién confía en un personaje como él para ser el responsable de una criatura? Él no y la malvada trabajadora social que le quiere quitar la custodia tampoco (¡qué jartera con la imagen de la trabajora social tipo señorita Rottenmeier con menos corazón que una piedra!). Quien sí que confía es Emily, la prima estadounidense, que organiza el tinglado en un momento para que todos los vecinos se impliquen en ayudar a Noel con el cuidado de Frankie. 

Es una novela fácil de leer, con una visión muy optimista del ser humano y con momentos muy tiernos (yo acabé llorando como una muffin, no os digo más). Una buena elección para no dejar de lado mi inglés.

16 diciembre 2013

Alice Munro y sus vidas cotidianas

Este libro me lo regalaron y la persona que lo hizo me dijo que había ido a la librería y le había dicho al librero: "Estoy buscando un libro para una persona que lee mucho y libros raros y poco conocidos" y aquí me encuentro con él en la mano. 

Alice Munro lleva escribiendo tropecientos años pero como es escritora de cuentos y no de novelas, que parece que gusta menos, pues no era muy conocida en España, hasta que, por supuesto, ganó el Premio Nobel de Literatura este año y eso es otro cantar. Las editoriales pueden retomar las antiguas publicaciones, modernizar la portada, ponerle la etiqueta de ganadora de bla, bla, bla, y empezar a vender sus libros como churros. Y aquí entro yo, no os creáis, porque sí que había oído hablar de Munro, pero no había leído nada de ella.

Amistad de juventud es una recopilación de 10 cuentos en donde cada uno, como bien dice Antonio Muñoz Molina, contiene una novela entera. No son cuentos muy largos, pues no sobrepasan las 50 páginas, pero cuentan tanto que cada historia no es un instante, es una vida. Por eso he tardado casi un mes en leerlo, porque un libro así no puede ser leído de un tirón. Todos tienen en común que están ubicados en Canadá o en el norte de EE.UU, en un ámbito más bien rural, protagonizados o narrados por mujeres y con una tendencia a reflexionar sobre si el camino elegido en la vida es el correcto o no, sobre si cuando una llega a una conclusión queda margen para cambiarlo o no y sobre si ese cambio es para mejor o no. 

Los relatos están ambientados desde principios del S. XX hasta los años 60-70, por niñas, mujeres jóvenes, en plena madurez o en el final de los días, pero no he podido evitar pensar que Alice Munro estaba hablando de ella misma todo el tiempo. Sobre los distintos yos que cada uno tiene o podría tener, como bien se aborda en la película Mr. Nobody. No son historias alegres, ni optimistas, ni la mayor parte de las veces bonitas. Son historias duras, donde hay amor, pero también desesperación, apatía y dolor. Un dolor privado, contado a la pasada, que ante mí se infla y se convierte en algo insoportable. Son historias reales, comunes, de gente común. Son historias costumbristas, casi etnográficas. 

Munro ha escrito más de un centenar de cuentos y una novela Las vidas de las mujeres y el guión de una película Lejos de ella. No la he visto, pero por el tráiler, parece que sigue la misma línea que sus relatos. 


03 diciembre 2013

Mira que te mira Dios, mira que te está mirando

Segunda novela de la primera mitad del S. XX, El tiempo de los emperadores extraños del ovetense Ignacio del Valle. Ignacio, chiquillo, qué joven, qué guapo y cuánto has escrito. Que sepas que siento una punzada de envidia cada vez que lo pienso. Pero de la sana, que conste. 

El hecho de que la novela esté ambientada en la II Guerra Mundial es una cuestión secundaria, porque tal como yo lo veo del Valle la podría haber ambientado en cualquier momento del siglo pasado (e incluso de éste) y hubiera funcionado. 

A grandes rasgos os diré que la novela va, principalmente, de asesinatos y de un detective improvisado. Tiene lugar en el invierno de 1943, en la División Azul destinada en el frente de Leningrado. En un lago congelado (con -30 grados de temperatura para no congelarse) aparecen un montón de cabezas de caballo y un soldado español con la garganta rajada y una frase grabada en el pecho que dice "Mira que te mira Dios". El soldado al que le encargan vigile el cadáver, Arturo Andrade, resulta que antes era un teniente que cayó en desgracia y es muy avispado, así que los superiores le piden que investigue quién es el asesino. Y claro, después de un asesinato viene otro y la cosa se va enredando. 

No es que no me haya gustado el libro, que sí, que es entretenido y tiene momentos y frases memorables, pero no sé por qué, es uno de estos libros que me dejan un poso amargo. Después se va y se me quedará el dulzor en las papilas. Pero eso será luego. Por ahora cuento lo que me ha amargado. 

La jerigonza mezclada con el lenguaje más cuidado me ha chirriado. Primero porque no está delimitada en jerigonza a los diálogos de los soldados y la prosa más formal a la narración, sino que del Valle a veces mete palabros en mitad de la narración que, para mí no sólo no pintan nada sino que además me hacen considerar el libro menos serio (quién sabe, quizás esa era su intención). Y segundo porque yo no viví en esa época y del Valle se habrá documentado, por lo que seguro que me equivoco, pero la jerga y los coloquialismos que usan los soldados suenan demasiado actuales. Por poner un ejemplo uno de los soldados se admira por el "buga" que tiene. Buga viene de Enrico Bugatti, un empresario automovilístico italiano que comercializó coches durante la primera mitad del S. XX. No sé si la derivación ya existía en 1943, pero que un soldado de un pueblo recóndito de la provincia de Burgos use esa expresión, me resulta chocante. Mi abuelo, que podría haber luchado en la II Guerra Mundial no utilizó esa expresión en su vida. 

Yo no soy nada de logias, organizaciones secretas, ritos satánicos ni nada parecido. De hecho me parecen paparruchadas, por eso el hecho de que meta a la masonería por medio (afortunadamente no como complots oscurantistas ni nada parecido) ha hecho que para mí el libro perdiera puntos. 

Arturo Andrade me tenía más o menos cautivada con sus ideas derechistas no desquiciadas ni radicales, con sus limitaciones, dudas, momentos brillantes, vamos, como cualquier tipo. Pero de pronto hace algo, en la página 267 y me pierde. Alguno podría decir que lo que hizo lo podría hacer cualquier tipo, pero yo no estaría de acuerdo. No sé si las mentes masculinas son tan retorcidas (aunque algunos dirían simples), pero si lo son, me alegro de ser mujer. No cuento más porque no quiero destripar la cosa. 

Y aquí me surge una pregunta de estas idiotas que tengo yo a veces. Si España está plagadísima de González, García, Fernández, López, Pérez y demás ez, por qué la literatura española está llena de Andrades, Estradas, Navajas, Chamorros, Mendozas, Bevilacquas, Quirogas o Carranzas. ¿Por qué no puede haber una investigadora que se llame Laura Fernández o una víctima llamada José Antonio López? Acaso las personas que tenemos apellidos normales y corrientes no somos merecedoras de protagonizar una novela? Sin más. Sólo una reflexión.

Me ha gustado el ritmo de los diálogos, la chispa que hay debajo. Me ha gustado que haya decidido centrarlo en un batallón de la División Azul, de la que no sabía mucho, la verdad. Me han gustado algunas de las reflexiones que se hacen los protagonistas. Hay cosas que sí me han gustado.

Y para los cinéfilos descubriros (por si no lo sabíais) que la novela fue llevada a la gran pantalla por Gerardo Herrero y protagonizada, entre otros por Juan Diego Botto y Carmelo Gómez, bajo el nombre Silencio en la nieve. No la he visto, pero por el tráiler parece que sigue muy de cerca tanto el argumento como la estética de la novela. 

05 noviembre 2013

Hablemos un poco de los urcas


Educación siberiana de Nikolái Lilin, habla sobre la vida y costumbres de los urcas, un pueblo siberiano que fue deportado por Stalin a Transnistria, un territorio entre Ucrania y Moldavia. Los urcas son criminales honestos, con unas reglas rígidas y claras, un espíritu comunitario muy fuerte, opuestos a la exhibición de riqueza, al abuso de poder y las personas no dialogantes. 

No es un libro antropológico, aunque pudiera serlo, de alguna manera, sino que Lilin va contando su infancia y adolescencia dentro de esa comunidad (él es urca), lo que veía, lo que aprendía, lo que sentía, lo importante y lo que no, anécdotas y sucesos que le pasaron a él o a alguien conocido... 

He echado en falta el enfoque de género. Los urcas parecen ser una comunidad patriarcal, y aunque en algún momento Lilin comenta que las mujeres criminales son tanto o más respetadas que los hombres, la verdad es que todo se centra en los hombres.  

Recomiendo el libro, salvo para aquellas personas que tienen un sistema de valores muy férreo y un concepto muy claro de lo que está bien y de lo que está mal,  y salvo para los que no tienen ni corazón, ni cabeza, ni estómago para historias truculentas contadas sin paños calientes. Para esos no porque lo van a pasar mal.

Como curiosidad contar que el libro se ha llevado al cine, por el director italiano Gabriele Salvatores (Lilin está afincado en Italia desde hace unos años) y que cuenta con la presencia de John Malkovich y Peter Stormare, lo que parece que le da más caché a la cinta. No he visto la película, pero según lo que aparece en el trailer, cualquier parecido con el libro, es pura coincidencia. 


14 octubre 2013

Había una vez... un circo

Me encanta el circo y todo lo que tenga que ver con él. Pero no el circo Maravilla, que llega a un descampado de la ciudad, con los payasos Pocholín y Pocholón de nariz roja y zapatones, el domador, que bien podría llamarse el torturador, o la amazona vestida de cowgirl. Ese no. Ese me deprime y me enfada. Por eso no voy nunca al circo, porque casi todos son así. 

Del circo me gusta su ambiente mágico, los "guauuuu, es asombroso", como los que te saca El Circo del Sol (y eso que no he tenido el placer de verlos en persona), y como los que debía provocar El circo de la noche que creó Erin Morgenstern.

Porque El circo de los sueños, que sólo abre de noche, es un circo lleno de magia, de misterios, de espectáculos increíbles. Es también un terreno de juego, donde se baten a duelo Marco y Celia, desde que eran pequeños, sin conocer las reglas ni cuando termina.

Me daba un poco de pereza leerlo, porque tiene más de 500 páginas, pero me puse y en seguida me atrapó la historia: encantada, sinuosa, delicada. Y mientras iba leyendo, me iba acordando de las películas El Prestigio  y de El Ilusionista  e iba viendo el circo con la mirada de Marina Anaya. Ha sido un camino de lectura muy bonito, la verdad.

Al que le gusten los libros con aspectos mágicos se lo recomiendo, pero le pongo un pero. No sé cómo hubiera terminado yo el libro, pero lo que es seguro es que no lo hubiera hecho como Morgenstern. Me recordó un poco al final de Lost, donde se liaron tanto con la trama que no supieron salir del embrollo y tiraron por el carril del medio, casualmente el menos apropiado. 


Y al que le guste este tipo de libros le sumo unos cuantos más como La mecánica del corazón de Mathias Malzieu, La invención de Hugo Cabret de Brian Selznick, El último gran viaje de Olivier Duveau de Jali o El espíritu del tiempo, de Benjamin Lacombe.

24 junio 2013

Mongolia: mi tierra prometida

¿Si pudieras viajar a cualquier lugar del mundo, a dónde te gustaría ir? Mi respuesta es Mongolia. 

Yurta
Me viene a la mente un recuerdo. Tengo unos diez años y estoy aprendiendo las capitales del mundo. China: Pekín;  India: Nueva Delhi; Corea del Sur: Seúl; Corea del Norte: Pyongyan; Mongolia: Ulan Bator. U-lán Ba-tor. Lo repito. Lo paladeo. Me imagino cómo puede ser un lugar que tenga un nombre tan enigmático. Voy a mi atlas Océano y busco Mongolia, donde viven los mongoles y las mongolas. Y no entiendo por qué cuando, a veces, me insultan en el cole me llaman mongola. 






Aprendo que es un lugar donde hace mucho frío, donde la gente es nómada, vive en unas casas circulares, llamadas yurtas, que montan y desmontan cada vez que se mueven de un sitio a otro. Que en invierno visten con abrigos, botas y gorros de pieles muy graciosos y en verano con túnicas de colores vivos. Que cabalgan en pequeños caballos peludos, que beben leche de yak y les gusta la cetrería y la lucha libre. Que los habitantes de ese enorme y desconocido país son gente de baja estatura, pelo negro fino y liso, ojos rasgados, mejillas sonrosadas, cara de luna y nariz pequeña y redonda. Y me veo reflejada y me pregunto si no tendré yo algún antepasado mongol. 

No sé por qué pero me fascina todo lo que tiene que ver con su cultura, su inclemente clima, sus agrestes paisajes. Nunca he estado allí y no sé si alguna vez iré, pero cada vez que me topo con algo proveniente de Mongolia me siento atraída de forma magnética. No sólo por el propio país, sino por Mongolia interior, una región de China con la que comparte todo menos moneda y control político.  

Mongolia, ahora empobrecida y olvidada, tuvo su momento de gloria en el S. XIII, bajo la espada de Temudyin, el implacable Gengis Khan. El Imperio Mongol pasó a ser, en 1206, poco más del territorio actual, a abarcar, en 1279, desde Corea hasta el Danubio, con unos 44 millones de kilómetros cuadrados (el 30% de la superficie de la Tierra) y más de 100 millones de habitantes. Por hacer una comparativa, el Imperio Romano, unos siglos antes, alcanzó una extensión de 6,5 kilómetros cuadrados y 88 millones de personas. Da que pensar sobre lo parcializada y occidentalizada que nos enseñan la historia "universal". 

Como es imposible hacerse con un libro de Mongolia que no sea una guía de viajes, mi contacto con esa tierra y esa cultura se ha producido a través del cine. Os dejo las películas que he visto, aunque lamentablemente todas se centran en ese aspecto de pastores nómadas que, si bien es representativo de la cultura mongola, digo yo que no será lo más habitual (podemos ver un retazo de otra realidad más occidental y "desarrollada" en La boda de Tuya). 

La primera película que vi fue El perro mongol, una cinta realizada con presupuesto alemán, pero dirigida y protagonizada por mongoles. Es la historia de Nansal, la hija mayor de una familia de  nómadas mongoles que, un día, se encuentra un cachorro de perro mientras recoge estiércol cerca de su casa. Desde el primer momento se encandila con el perro, pero su padre teme que sea un descendiente de lobo que les llevará mala suerte y le pide que se deshaga de él.  

Con ella descubrí cómo se montan las yurtas, cuál es el tipo de alimentación que tienen, las creencias, las supersticiones y los roles de la mujer y del hombre dentro de la cultura mongola. 



La segunda fue La boda de Tuya, una película china que trata sobre Tuya, una joven mujer que vive en la Mongolia más profunda con su marido inválido, sus dos hijos y un rebaño de ovejas. La presión del gobierno para que los pastores nómadas abandonen su estilo de vida es muy fuerte y el esfuerzo que tiene que hacer Tuya para sacar adelante a la familia es tan grande que cae enferma y no le queda más remedio que divorciarse de su marido y casarse con un hombre que le ayude en el día a día. A pesar de que tiene muchos pretendientes, la condición de que el nuevo marido acepte al anterior, hace que todos huyan. 



Aunque Tuya tiene que divorciarse de su marido para poder casarse con otro, la aceptación del marido inicial se basa en la poliandria (una mujer que se casa con varios hombres) que no era infrecuente en esa región antiguamente. Eso no quiere decir que las mujeres tengan una condición importante y dominante en la sociedad mongola más tradicional. De hecho, en la película siguiente (bien es cierto que está ambientada en el S. XII) un mongol le dice a otro: "Para un mongol es más importante su caballo que su mujer". 

La película es Mongol, una cinta kazaja que cuenta la vida de Gengis Khan, desde los nueve años hasta que se convierte en el Emperador de todos los mongoles y donde, por cierto, escoge a su futura mujer como si fuera un caballo, de una fila de ocho niñas de entre 8 y 10 años. La película fue nominada al óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2007, pero lo que más me llamó la atención fue la música. Una banda sonora increíble con el colofón final de la banda de folk rock Altan Urag.  



La última de las películas que he visto (he descubierto que hay muchas más que voy a intentar conseguir pese a la dificultad, que existe en España, para encontrar cintas que no sean de Hollywood) es La gran final y es una coproducción hispano-germana (me ha sorprendido mucho conocer que muchas de las películas que hay de Mongolia están realizadas por iniciativa y/o presupuesto alemán. Alguna conexión oculta tiene que haber por ahí.). En realidad, La gran final, de Gerardo Olivares, no sólo trata de Mongolia, sino que son tres historias que tienen en común que los tres protagonistas (una familia de nómadas mongoles, una caravana de camellos de los Tuaregs en el desierto del Sahara y un grupo de indígenas en la Amazonía brasileña) intentan ver, por todos los medios, la final de la Copa del Mundo de Fútbol de Japón 2002 entre Alemania y Brasil. Lo mejor el humor con el que se aborda la situación y la increíble inventiva que destilan para poder conseguir ver el partido. 


Seguiré viendo películas sobre Mongolia y, quién sabe, quizás un día, me monte en el Transiberiano y  conozca, finalmente, mi tierra prometida. 

24 mayo 2013

La otra cara del sueño americano


Sí, lo sé, la portada es muy similar a la de Culpa y parece que tengo una fijación por los hombres trajeados, pero no, todo fue casualidad. O no. Quizás debería hacérmelo mirar, porque la verdad es que Don Draper me gusta mucho. 

Éste es el último libro que leo y comento en una semana y media, que es lo que me queda para empezar los exámenes y creo que ya es hora de que le dedique todas mis energías. 

El hombre del traje gris es la historia de un hombre de clase media en el EE.UU. de los años cincuenta. En la treintena, con un pasado como soldado en la II Guerra Mundial, vive en una ciudad residencial, en una casa unifamiliar con jardín, junto a su mujer y sus tres hijos. Cada mañana se viste con su traje gris, y con su maletín a cuestas se embarca en un abarrotado vagón de tren, lleno de hombres como él, para ir a trabajar en un puesto anodino en cualquier empresa de Manhattan. A la noche hace el viaje de vuelta, y llega a casa donde le espera su mujer con la cena preparada y un martini para que se le relaje después de un duro día.

Trabaja en un puesto que no le llena pero que le hace ganar el dinero que necesita para tener una casa más grande y más bonita, un coche más grande y más rápido, unas vacaciones más exóticas y "relajantes". El dinero que necesita para asegurar que sus hijos entren en la universidad y que cuando llegue la jubilación pueda "disfrutar" de un retiro merecido. 

Cuanto más tiene más necesita. Cuanto más necesita más vacío se siente y a este momento de la vida de Tom Rath hemos llegado en El hombre del traje gris

Ahora, con la crisis, parece que esa realidad está muy lejana, que con todo el paro que hay, qué felices seríamos si tuviéramos un trabajo que nos permitiera comprar una casa con jardín, un buen coche y mantener a una pareja y a tres hijos. Pero en realidad ese hombre del traje gris (o mujer, para contextualizar con los tiempos actuales) está dentro de cualquier persona que viva en este mundo capitalista donde el objetivo de todos es ganar dinero para conseguir cosas para conseguir... ¿para qué? 

En 1989, el libro se reeditó en EE.UU. y se le pidió al autor, Sloan Wilson que escribiera un pequeño prólogo. En él decía que le parecía curioso que éste fuera más y mejor entendido por la juventud de finales de los 80 que por la de mediados de los 50, que fue cuando se escribió y publicó. Que le parecía curioso que 30 años después "El hombre del traje gris" siguiera tan actual como en el momento inicial. Sloan Wilson murió hace 10 años, pero si aún viviera, volvería a escribir que qué poco han cambiado las cosas en los últimos 60 años. El capitalismo ha triunfado aunque deje un reguero de víctimas vacías y desesperadas. 

El hombre del traje gris o The man in gray flannel suit en su título original (que digo yo que en España se quitaría lo de la franela, porque suena más a pijama o a sábanas que a traje elegante, pero haberlos haylos) es un poco autobiográfico, porque gran parte de la experiencia vital de Rath se solapa con la de Wilson, porque ambos se preocupaban porque muchos de los servicios sociales fueran públicos y porque Wilson era carne de cañón para convertirse en un hombre de traje gris, aunque, a diferencia de Rath, supo evitar ese destino. 

Para los y las amantes del cine, deciros que un año después de su publicación, la novela fue llevada a la gran pantalla, con Gregory Peck como protagonista. Para el que sepa inglés y le interese, aquí está la película completa.

03 mayo 2013

El Cirkus Columbia ha llegado a la ciudad

No conozco mucho de la literatura actual de los Balcanes, y es que, a pesar de que la biblioteca del barrio está sorprendentemente bien provista, no es fácil dar con obras minoritarias. Por eso, cuando encontré Cirkus Columbia, del bosnio-herzegovino Ivica Djikić, no pude evitar cogerlo y eso que a estas alturas tendría que estar ya estudiando.  

Pero vamos al libro. Es breve, de apenas 130 páginas, lo que cada vez valoro más. Porque cuanto más leo, más me doy cuenta de que a la mayor parte de los libros que pasan de las 300 páginas le sobran, al menos, la mitad. Y es que no hay tantas historias que merezcan tantas páginas, por mucho, que sus autores se empeñen en demostrar lo contrario.

La trama de este libro comienza en el verano de 1991, en un pequeño pueblo bosnio, al que llega Divko Buntić, un vecino que había emigrado a Alemania, de la que vuelve en un Mercedes blanco, podrido de dinero, con una mujer mucho más joven que él, musulmana, y un gran gato negro que es su ojito derecho. Al día siguiente de su llegada, el gato se pierde porque Martin, el hijo de Divko, se deja la ventana abierta. Buntić se encierra en sí mismo y ofrece una recompensa de 2000 marcos al que lo encuentre. Este hecho romperá la tensa calma que envolvía la localidad y a sus habitantes. Pocos meses después estalla la guerra y las cosas se salen de madre.

Estaba leyendo el libro y a cada página me parecía que me iba zambullendo, más y más, en uno de esos mundos surrealistas que crea Emir Kusturica, pero sin su componente humorístico, aunque supongo que todo es según cómo se mire. Como me pasa casi siempre, tras leer el libro descubrí que el director bosnio Danis Tanović llevó la historia al cine en 2010. No he visto la película, pero después de ver el trailer intuyo que Tanović ha decidido aligerar, al estilo Kusturica, la angustiosa opresión de la novela que hace cierto el dicho: "pueblo pequeño, infierno grande".

28 abril 2013

Amor a la japonesa


Si alguien me hubiera hablado hace una semana de "La devoción del sospechoso X" del japonés Keigo Higashino ni el título ni el autor me hubieran dicho nada y es que aquí, en España, se publicó sin pena ni gloria. Ahora bien, en Japón... en Japón es otra cosa. Ganó, en 2005, el Premio Naoki (lo que en España vendría siendo un Premio Planeta) y ha vendido allí más de dos millones de ejemplares, que parece que para los nipones es mucho.

La publicitan como novela negra y como thriller psicológico. Puede ser ambas cosas, por qué no. Pero al estilo japonés, eso sí. La acción transcurre en la actualidad, en Tokio y la reseña dice así: "Yasuko pensaba que por fin se había librado de su ex marido. Pero cuando éste aparece un día ante la puerta de su apartamento, la escena se complica y el ex marido es asesinado. Madre e hija lo han estrangulado. De pronto, Ishigami, el enigmático vecino de al lado, se ofrece a deshacerse del cadáver y buscarles la coartada perfecta. Yasuko, desesperada, acepta de inmediato, pero al hacerlo da un giro inolvidable a esta fascinante historia".

No es secreto si digo que me atrae mucho la cultura japonesa, y, por eso, me gusta leer libros como éste, en los que más que fijarme en la trama (que también), me atraen los razonamientos, las pautas culturales, lo que se considera normal, aceptable, lo suficientemente importante como para mencionarlo, y lo que no. Lo que se dice y cómo se dice y lo que se calla y por qué se calla. 

Me ha gustado el libro. Porque no me lo esperaba, por cómo está escrito, porque no considera al lector como un idiota al que hay que explicarle todo (salvo en un par de cuestiones que se han repetido demasiadas veces). Me han gustado los protagonistas. O los que al menos, para mí, lo son. Me ha sorprendido hacia dónde iban. Me ha sorprendido la trama. 

Ediciones B, que la publica en España, ha hecho este vídeo promocional bastante alejado de cómo he sentido yo la novela, todo hay que decir, pero bueno, igual a alguien le atrapa esa música discotequera y esa estética de ciudad cosmopolita que nunca duerme.

Como le pasa a casi todos los libros con éxito alguien decidió llevarlo a la gran pantalla y el encargado fue Niroshi Nishitani, que tuvo el buen tino de contar con Higashino para hacer el guión. Aunque está en japonés se puede coger el tino de la historia en este trailer.

25 abril 2013

Bienvenido Mr. Blue

Stark es la primera novela que escribió Edward Bunker, aunque no se publicó hasta después de su muerte, en 2005. De esta novela hay tres cosas que me han llamado la atención y que quiero compartir. 

La primera es que está publicada por Sajalín Editores; una editorial de la que nunca había oído hablar pero que, tras revisar su catálogo, es una situación que va a cambiar. A partir de ahora nos vamos a hacer íntimas. 


La segunda es que está escrita por Edward Bunker (que no es otro que ese señor con puro y pinta de vividor sentado en ese coche setentero de la portada). Un tipo que llevó una vida más azarosa que cualquiera de los protagonistas de sus libros. Nació en Los Ángeles en 1933, a partir de los siete años salta de un hogar de acogida a otro y de un reformatorio a otro, hasta que a los 17 acaba en San Quintín, como el preso más joven. De allí estuvo entrando y saliendo por robo, narcotráfico, extorsión, falsificación... hasta 1975, año en el que queda definitivamente libre. Durante su periodo carcelario estudió leyes, leyó hasta la saciedad y empezó a escribir sus novelas. Muchas de ellas fueron llevadas al cine y algunas, incluso, contaron con su presencia. Como nota decir que Bunker fue el mítico Sr. Azul de Reservoir Dogs de Tarantino. Por el medio se cruza una mujer, Jennifer Steele, una joven abogada que le defendía y con la cual se casa tras salir de la cárcel. ¡Vamos, una vida de novela!


La tercera es la historia en sí. En la actualidad ni el tema ni el estilo llaman la atención, pero eso cambia cuando recordamos que fue escrita en los años 60 por un presidiario que no tenía apenas estudios. Ernie Stark vive en Oceanview, California. Le gusta vestir bien, las mujeres guapas y la buena vida, pero como ni es rico ni viene de familia pudiente, le toca meterse en asuntos turbios. Debido a su encanto y a su inteligencia se dedica a estafar con suerte diversa. La atmósfera angelina, la zambullida en los bajos fondos y la continua desmitificación del protagonista, me recuerda a las obras de Charles Bukowski. Claro que sin toda su escatología. 


08 enero 2013

Matilda la fantástica

Que digo yo, que si estoy lo suficientemente "recuperada" como para ir a trabajar, lo estoy también para leer (para estudiar no, ¿eh? que eso es de otra categoría), así que aquí vengo con mi última lectura, un clásico de la literatura juvenil. 

Habrá varios de estos a lo largo del año porque El Círculo de Lectores ha sacado una colección llamada "Jóvenes Fantásticos", con ilustraciones de Zuzanna Celej que quiero regalarle a mis Lamb sobrinos [no he encontrado una portada de ese libro, así que he tenido que coger otra de una edición británica]. El primero de todos es Matilda, del fantástico (en sus dos acepciones) Roald Dahl (Sí, sé que hicieron peli del libro. No, no la he visto ni la voy a ver). 

Lo bueno de este tipo de libros es la imaginación y fantasía que destilan, que se agradecen. Lo malo es que, aunque sé que no es un libro para adultos, siento que a la historia le falta profundidad. Me gustan los libros de niños y adolescentes que puedo seguir leyendo en mi etapa adulta y aún sacarles chicha. Este no es uno de esos libros, pero aún así lo he disfrutado.


06 enero 2013

Juntos, nada más

Atrapada una tarde en Valladolid, en una casa ruinosa, con los recuerdos deslizándose por las paredes, con el frío invadiéndolo todo, con la soledad aplastándome, no pude hacer otra cosa que escapar. Con Camille, con Philibert, con Franck y Paulette, con Juntos, nada más a un París distinto del que conozco. Del que recuerdo. 

Me fascina la forma que tiene de escribir Gavalda, tan... sencilla. Iba a decir fácil, porque lo parece, pero al menos para mí no es nada fácil escribirasí. Quizás el final es demasiado perfecto, pero ¡qué demonios!, no pasa nada por soñar un poco con que las cosas salgan bien en un contexto en el que parece que todo va mal. 

¿De qué va la historia? Vamos a leer la contraportada: 


Camille Fauque tiene 26 años, dibuja de maravilla, pero no tiene fuerza para hacerlo. Frágil y desorientada, malvive en una buhardilla y parece esmerarse en desaparecer: apenas come, limpia oficinas de noche, y su relación con el mundo es casi agonizante. Philibert Marquet, su vecino, vive en un apartamento enorme del que p odría ser desalojado; es tartamudo, un caballero a la antigua que vende postales en un museo, y el casero de Franck Lestafier. Cocinero de un gran restaurante, Franck es mujeriego y malhablado, casi vulgar, lo cual irrita a la única persona que le ha querido, su abuela Paulette, que a sus 83 años se deja morir en un asilo añorando su hogar y las visitas de su nieto. Cuatro supervivientes, cuatro personajes magullados por la vida, cuyo encuentro va a salvarlos de un naufragio anunciado. La relación que se establece entre estos perdedores de corazón puro es de una riqueza inaudita, tendrán que aprender a conocerse para lograr el milagro de la convivencia. Juntos, nada más es una historia viva, con un ritmo suspendido en el aire, llena de esos minúsculos dramas personales que seducen por su sencillez, su sinceridad y su inconmensurable humanidad.

Al igual que con La delicadeza, me quedé con ganas de más. Tanto que me conseguí la película que hizo Claude Berri con Audrey Tautou (que sí, que muy mona ella, con mucha fragilidad y languidez, pero ¿es que no hay más actrices francesas en el mundo, que Tautou tiene que estar como el perejil, en todas las salsas?). A los 3 minutos de película me acordé de la decepción de La delicadeza y tuve el buen tino de dejar de verla.  



Mañana, sí que sí, me pongo a estudiar.

27 julio 2012

Otra mirada a los Juegos Olímpicos

Dentro de poco más de 12 horas dará comienzo, en Londres, la trigésima edición de los Juegos Olímpicos modernos. Durante los días venideros, algunos de los previos y muchos de los posteriores, se hablará, y mucho, sobre deportistas, medallas, derrotas, superación, records, instalaciones y demás parafernalia que acompaña siempre a una cita como ésta. 

Yo hablaré del diseño gráfico que acompaña a esta competición deportiva, porque me interesa más, porque marca estilo y porque, en muchas ocasiones derrocha una creatividad y humor que sorprende. Y sorprende porque no es fácil darle una vuelta de tuerca al mismo tema, una y otra vez, y resultar creativo. 

Me he dado cuenta de que esta fascinación por el diseño en los juegos olímpicos no es nuevo. Hace trece años, cuando yo estudiaba publicidad en la universidad, en la asignatura de diseño gráfico nos pidieron que desarrolláramos toda una campaña en relación a una empresa o evento. Yo elegí las Olimpiadas. El profesor me sugirió (casi que me ordenó, por qué no decirlo) que cambiara de tema porque ése me sobrepasaría. Como soy bastante tozuda no le hice caso y seguí adelante con el proyecto. Las ubiqué en Pekín, no porque supiera que se iban a hacer 9 años después allí (que no), sino porque me gusta mucho el tema oriental. En fin, no sé dónde tengo esos diseños, pero si los encuentro y no son demasiado vergonzosos los colgaré aquí para que los veáis. 

Hay dos momentos claves en los Juegos Olímpicos modernos en lo que a diseño gráfico se refiere. El primero fue las Olimpiadas de Tokyo de 1964, porque fue cuando comenzaron a crear señales identificativas, no sólo de los deportes sino también de los distintos servicios que rodean al evento. El segundo fue la Olimpiadas de Múnich en 1972, porque fue entonces cuando nació la primera mascota olímpica.

Vamos a ver cómo ha evolucionado el diseño durante el último medio siglo.

Tokyo 1964

Los pictogramas de los deportes son en blanco y negro, sencillos, atemporales, tanto que recuerdan mucho a los que se diseñaron posteriormente (al dato con el símbolo del baloncesto que parece que se acaba de tropezar y se va a pegar un trompazo hacia delante). La señalética de los servicios es un poco más oronda (la falda de la mujer para señalar los servicios es graciosísima) y algunos de esos símbolos, como el del teléfono, la cámara de vídeo o el servicio postal siguen vigentes hoy en día. 

México 1968

Cuatro años después aparece el color y desaparecen las personas, quedándose sólo los instrumentos representativos de cada deporte (cuyo número curiosamente descendió de 21 a 18 en esta edición). Aspectos como la bicicleta o las olas del agua son aún ampliamente utilizadas. 

Münich 1972


Se vuelve al estilo y sobriedad de Tokio. Fácilmente identificable, aunque el de boxeo parece Quasimodo. 



Y éste es Waldi, un perro salchicha (técnicamente Dachshund), que se supone representaba la tenacidad, agilidad y resistencia de los atletas. En mi opinión no consiguieron el objetivo, pero es mono. 

Montreal 1976
  
Mediados de la década de los 70 debió de ser un momento de crisis económica y creativa pues se utilizaron los mismos pictogramas creados para Münich (para continuar con el lenguaje simbólico alegaron). 

Este castor tan majo fue la mascota de Montreal. Su nombre es Amik, que en la lengua del pueblo nativo Algonkino significa precisamente castor.  

Moscú 1980

Otra vuelta a los símbolos. Ahora más "humanos" y redonditos y los protagonistas más dinámicos en sus respectivos deportes.

¿Quién no se acuerda del osito Misha, si hicieron hasta una serie de dibujos animados? Visto entonces era muy tierno, visto ahora quizás demasiado infantil. Otro estilo sin duda. Misha es el diminutivo de Mijaíl que parece que es como en Rusia llaman a los osos (tiene que haber de todo, qué puedo decir). 

Los Ángeles 1984

A mí los pictogramas de Los Ángeles me recuerdan a esos muñecos articulados que se usan en dibujo, para captar las posiciones del cuerpo. Parece que se van a descoyuntar a la mínima de cambio. 

Este águila calva, símbolo de EE.UU. llamada Sam (que simboliza la archifamosa figura del Tío Sam) y tocado con un sombrero de copa con la banderola de EE.UU. (todo muy simbólico, como podéis observar) fue la mascota de esta edición. Quisieron hacerla tierna, con ese aire de sabiduría que tiene la ancianidad, al estilo Walt Disney. Hummm, si es que lo hizo Disney.... Ahhh, ya decía yo. 

Seúl 1988

Cuando llegamos a Seúl uno se da cuenta de que, en realidad, los de Montreal fueron muy listos, porque ¿para qué gastar dinero en crear unos pictogramas de deportes que son, prácticamente, iguales a los anteriores? Por destacarse no creo que fuera, más que nada porque no lo consiguió, así que alguien debió de embolsarse una buena cantidad de dinero. 

La mascotilla de Seúl fue este tigre llamado Hodori (que traducido del coreano sería, más o menos, tigrecillo, aunque tiene un aire a tigretón). Llama la atención que el diseñador Kim Hyun hiciera también una tigresa llamada Hosuni, de la cual pasaron olímpicamente, y nunca mejor dicho (puede que naciera aquí la expresión, ahora que lo pienso). 

Barcelona 1992

Más pictogramas con los miembros hechos como si fueran lazos de gimnasia rítmica o algo parecido. Entrañables porque son los nuestros, pero vamos, que un poco más de lo mismo. 

El diseñador catalán Javier Mariscal se arrancó con este perro con forma humana al que llamo Cobi, cuyo nombre viene de las siglas Comité Organizador de las Olimpiadas de Barcelona (COOB). Dicen que está inspirado en un pastor catalán (bien podría ser una leyenda urbana, porque al que sea capaz de reconocer un pastor catalán en esa figurilla simpática le doy un premio). 

Atlanta 1996

Llega 1996 y los estadounidenses deciden viajar en el tiempo y hacer los pictogramas con este mocetón musculoso, este adonis griego elegante, fuerte, atlético... No me gusta. 

Y si los pictogramas eran clásicos la mascota era... un horror. Se llamó Izzy (contracción de What is it? o traducido al castellano ¿Qué es eso? lo que no dice mucho de su proceso creativo, para que nos vamos a mentir). Pasó con más pena que gloria. De hecho creo que nadie se acuerda de esta especie de serpiente de cascabel con ojos de haber comido monguis. 

Sydney 2000

Apropiándose del boomerang, un símbolo de los aborígenes nativos, de los que siempre han renegado,  construyen estos deportistas que parecen llevar pantalones bombachos. Al menos le da un sentido a la innovación. 

Tres mascotas para estos juegos (sería que no se pusieron de acuerdo y fueron todas juntas y en armonía). Una cucaburra (un pajarito típico de las Antípodas) llamado Olly en honor a las Olimpiadas. Un ornitorrinco llamado Syd en honor a la ciudad de acogida, Sydney y un equidna (muy parecido a un erizo pero propio de estos lares remotos) llamado Millie en honor al Milenio. 

Atenas 2004

Vuelven los pictogramas clásicos, pero en esta ocasión con más sentido, porque las Olimpiadas vuelven a su hogar. Demasiado parecido a lo de Atlanta, colores incluidos. Por si a alguien le ha pasado inadvertido, constatar que siguen haciendo los iconos de hombres (cuando curiosamente en esta edición compitieron más mujeres que hombres). Ahí lo dejo. 

Las mascotas fueron esta pareja de Hobbits llamados Athenà (por Atenas) y Phèvos (por Febo, el Dios de las artes y el deporte), que representan unos muñecos tradicionales de la antigua Grecia. Lo de las dos dianas marcando las tetas de la niña no tiene precio. 

Pekín 2008

Los pictogramas de Pekín parecen hechos de blandi blub, aunque probablemente quisieron imitar un poco los trazos de la caligrafía china. Son distintos, pero dan un poco sensación de mareo si los miras mucho rato. 

¿Como mezclamos lo tradicional con lo actual? Se debieron preguntar los chinos.Yy el resultado es esta mezcla entre los Caballeros del Zodiaco, Bola de Dragón y Puka. Cinco mascotas con los cinco colores de los aros olímpicos. Beibei, el pez azul (¿dónde está el pez?), Jingjing, el panda negro, Huanhuan, una antorcha roja, Yingying, un antílope tibetano amarillo naranjoso (ahí, di que sí, reclamando territorio) y Nini, una golondrina verde (por más que la miro no le veo ningún parecido a un pájaro). Dado que las Olimpiadas de Pekín se hicieron hace cuatro años y yo no conocía sus mascotas debió ser que no las publicitaron mucho o que tuvieron muy poco tirón. 

Londres 2012


Y llegamos a las Olimpiadas actuales, las de Londres. Con unos pictogramas más realistas, pero netamente masculinos, que no me dicen mucho, para que nos vamos a mentir. 

Este Mike Wazowski, de Monstruos S.A. robótico es Wenlock (difícil de pronunciar y cuyo origen es demasiado british y rebuscado y que tiene que ver con el Baron de Coubertain, el impulsor de las Olimpiadas modernas). Tiene un poco de cara mala leche, pero ¿quién sabe? quizás triunfe. 

Si alguno ha llegado hasta el final del post, se merece un bonus track por paciente y curioso. Así que aquí dejo esta mini película en la que Goofy nos enseña todo lo que hay que saber de los Juegos Olímpicos. 

¡¡Me encanta Goofy!!