17 mayo 2013

La leyenda de los hermanos Collyer


Lo que más me gusta de leer es, por un lado que siempre descubro autores maravillosos que son o fueron muy conocidos, pero cuya existencia yo ignoro. Y por otro, que, como en este caso, cuando los libros están basados en hechos reales, descubro historias increíbles que superan cualquier ficción y que me hacen querer saber más. 


E.L.Doctorow es un autor estadounidense que nació en el Bronx, en 1931, descendiente de judíos rusos que habían emigrado a EE.UU. un par de generaciones antes. Desde que comenzó a escribir, en 1960, se especializó en plasmar, desde un punto de vista ficticio, diversos hechos y personajes históricos, sin olvidarse de la crítica social. Y lo ha hecho tan bien que ha ganado tropecientos premios, tanto por sus obras como por su trayectoria.

Una de sus novelas más aclamadas es Ragtime, que fue llevada al cine por Milos Forman en 1981 e interpretada por James Cagney, y que a tenor de los reconocimientos que se llevó (8 nominaciones al Óscar, 7 a los Globos de Oro, 1 a los BAFTA e incluso 1 a los Grammy) debe ser muy buena (me la apunto para verla y leerla). 

Pero no me quiero ir por las ramas, porque la novela que yo he leído es "Homer y Langley", la última publicada por Doctorow hasta el momento (2009). Se basa en la vida y leyenda de los hermanos Collyer (Homer y Langley), que vivieron, a comienzos del siglo pasado, en una gran mansión de la Quinta Avenida de Nueva York de forma ermitaña, dedicándose a acumular objetos de diversa índole hasta el punto de que murieron sepultados por ellos. 

El libro está escrito en primera persona, emulando ser los últimos retazos de memoria del hermano pequeño, Homer, que pasó sus últimos años viviendo en la absoluta oscuridad a causa de una ceguera. A lo largo de su narración, Doctorow aborda todo lo que en su momento se supo de ellos y, sobre todo, lo que se imaginó, racionalizando la acumulación de objetos servibles e inservibles, la casi completa desaparición de la vida social, la ausencia de servicios básicos en la casa (agua y luz principalmente) y los comportamientos extraños de ambos hermanos, de forma tierna, tragicómica y, sobre todo, digna. 

Los hermanos Collyer fueron unos de esos personajes, casi mitológicos, que el resto de la sociedad utiliza para burlarse y sentirse más normal, mejor. Y Doctorow, que vivía en Nueva York cuando se descubrieron sus cadáveres, se ha inventado situaciones y sentimientos para poder construir una imagen, de ambos y de sus vidas, que probablemente se parezca más a la realidad que la misma realidad que se publicitó y que ha llegado a nuestros días.

13 mayo 2013

Y así es como uno se va a la mierda

Pufff, ¿por dónde empezar con este libro? A ver, diré que es el primero de una serie protagonizada por Paul West, un británico de 27 años que se traslada, durante un año, a París para trabajar en la creación de una cadena de salones de té ingleses en la capital francesa.


Bajo la mirada de Paul descubrimos que los franceses son poco productivos en el trabajo, que los camareros son bordes como ellos solos, que su clase política está corrupta, que las calles de París están llenas de mierda de perro, que las francesas son unas despendoladas, que los franceses no tienen ni repajolera idea de hablar en inglés, que todos los conflictos laborales se arreglan allá con huelgas, que no hay nada peor para un francés que aceptar que hay cosas extranjeras que son mejores que las propias... y muchas más cuestiones que al chaval éste le parecen curiosas, molestas o directamente desesperantes.

Obviamente, a medida que se acostumbra a París y a los parisinos, la tortilla se da la vuelta y empieza a encontrar que la comida británica es un asco, que el comportamiento de sus compatriotas, sobre todo con las mujeres, es vergonzoso, que los británicos no saben disfrutar de los placeres de la vida... y suma y sigue. Algunas de de sus ocurrencias y de las situaciones en las que se ve envuelto me han sacado, literalmente, carcajadas; pero también es verdad que la mayor parte del humor del libro se basa en la crítica a lo propio y/o a lo ajeno y lo primero lo acepto, pero lo segundo como que no me hace mucha gracia.

El libro se llama A year in the Merde, en alusión a un bet-seller de la década de los 80' que se llamaba A year in Provence, que eran las reflexiones autobiográficas de un británico viviendo durante un año en la Provenza (o sea, que éste de la mierda no es nada nuevo bajo el sol). Como parece que A year in the Merde fue un éxito, el señor Clarke escribió varias secuelas con títulos tan poco originales como Merde Actually, Merde Happens o Dial M for Merde, basados en títulos de películas famosas [Love Actually, Love Happens, Dial M for Murder], describiendo y parodiando sus propias experiencias durante su estancia en Francia.

Lógicamente, y como periodista que es, Stephen Clarke vio enseguida que esto era una mina de oro y no se ha limitado a escribir sólo esta saga, sino que también ha publicado 1000 years of annoying the French, Annoying the French Encore, Paris revealed y Talk to the snail, todos sobre Francia y los franceses visto desde el punto de vista de un británico. Parece que el Reino Unido han tenido mucho éxito, supongo que porque a los británicos les parece divertidísimo eso de reírse de las peculiaridades culturales de los demás (en este caso franceses). A mí, que queréis que os diga, sin que le tenga un cariño especial a los franceses, este libro ha desarrollado mi francofilia y proporcionalmente a esto, también mi anglofobia.

¿Recomiendo no leerlo? No. Recomiendo leerlo. Pero con las gafas etnográficas puestas, porque la verdad es que es bastante curioso descubrir cómo los británicos ven a los galos y qué costumbres y comportamientos les parecen divertidos, molestos o sorprendentes. Eso sí, apto sólo para los que saben inglés, porque, por ahora, a los editores españoles no les ha parecido tan curioso el libro como para decidir publicarlo en castellano.

05 mayo 2013

El filósofo autodidacta y su Filosofía para bufones

Como no sólo de novela vive el ser humano, cuando llegó a mis manos este libro de filosofía que prometía
amenidad y diversión me dije: ¿por qué no? Mi idea era leerlo poco a poco, pero qué puedo decir, anoche me enganchó y no lo solté hasta no terminarlo y realmente he disfrutado muchísimo.

Antes de meterme de lleno en el libro quiero comentar algo de su autor, Pedro González Calero, un señor que cuando era joven, mientras trabajaba de barrendero, aprovechaba los descansos para leer filosofía. Luego su vida dio un vuelco y trabajó de archivero del Depósito General del Libro, de documentalista y finalmente de profesor de instituto. No cabe duda de que le gusta la filosofía, de la que tiene un amplio conocimiento y de que le gusta enseñar. Se nota a leguas mientras lees el libro.

Y ahora al libro. Como dice el subtítulo, Filosofía para bufones es un paseo por la historia del pensamiento a través de las anécdotas (mayormente jocosas) de los grandes filósofos. Está dividido en cinco periodos: filosofía antigua, oriental, medieval, moderna y contemporánea) y ahí retrata a los grandes filósofos (Sócrates, Platón, San Agustín, Confucio, Voltaire, Rousseau, Kant, Ortega y Gasset), sus pensamientos y sus manías y fijaciones.

Cosas que me han gustado:

1.- El autor explica de forma sencilla lo que fue escrito con fárrago y oscurantismo. Probablemente simplifica demasiado las ideas de los pensadores, pero creo que para los neófitos en estos lares puede servir para abrir boca a obras más profundas y rebuscadas. Está en la onda de Ética para Amador de Fernando Savater y El mundo de Sofía de Jostein Gaarder, pero con más humor y más concisión.

2.- He descubierto filósofos de los que no había oído hablar en mi vida como Antístenes, Aristipo, Kostas Axelos, Pedro Abelardo o Chuang Tzu y que tenían ideas bastante interesantes.

2.- He descubierto una filósofa con mucho humor y mucho arrojo: Madame de Staël.

4.- Me he reído.

5.- Me han encantado las ilustraciones de Anthony Garner.

6.- La dedicatoria a Faemino y Cansado, por ser tan sabios siendo tan payasos.

Cosas que no me han gustado:

1.- Se me ha hecho muy corto. Menos mal que después ha publicado una continuación llamada La sonrisa de Voltaire.

Os dejo algunas de las anécdotas que más me han gustado para tentaros a leerlo:

Hablando de la franqueza y arrogancia de Unamuno cuenta que cuando recibió la Gran Cruz de Alfonso XII de manos de Alfonso XIII, Unamuno dijo: "Es para mí un honor recibir esta condecoración que merecidamente se me otorga". El rey al oírlo se sorprendió y dijo: "¡Caramba, es usted el primero que me dice eso! Hasta ahora todos los homenajeados me había dicho que ellos no se merecían tal honor". A lo que Unamuno respondió: "Y probablemente no les faltaba razón".

Le preguntaron a Madame de Staël que cómo se explicaba que las mujeres guapas tuvieran más éxito entre los hombres que las mujeres inteligentes a lo que ella respondió: "Porque hay pocos hombres ciegos, pero muchos hombres tontos".

Hablando Voltaire de los banqueros suizos: "Si alguna vez ve usted saltar a un banquero suizo por la ventana, salte detrás. Seguro que hay dinero que ganar".

El mismo Voltarire tuvo que exiliarse de Francia porque como él decía: "Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado".

Un día un charlatán hablaba con Aristóteles y no acababa su perorata llena de alusiones malévolas hacia el filósofo, como Aristóteles no decía nada el charlatán se calló y le preguntó: "¿No te estarás molestando por mis palabras?" a lo que el pensador contestó: "No, no, ni mucho menos. Hace ya un buen rato que dejé de escucharte".

Lo que rezaba en el epitafio de Aristipo: "Aquí descansa quien os aguarda".