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08 agosto 2012

Cómo darle una pastilla a un gato

Cada vez que Ojos Amarillos me dice que tengo que darle una pastilla a Calcetines me pongo a temblar. Y es que pocas cosas hay más complicadas que hacer que Calcetines se trague una pastilla. ¡Qué digo que se trague! Que se acerque a ella. Parece que las huele (seguro que sí) y da igual lo que haga o cómo las camufle que él sigue en sus trece. Por alguna extraña razón tendemos a sentirnos especiales, tocados por algo divino o vete tú a saber qué. Creemos que las cosas sólo nos pasan a nosotros y tendemos a sentir una mezcla de satisfacción por nuestra unicidad y de vergüenza por creernos raros.

Bueno, el caso es que yo pensé que eso sólo me pasaba a mí o más bien a Calcetines. Lo de la pastilla, no lo del egocentrismo. Nada más lejos de la realidad y para muestra estas recomendaciones de Antonio Burgos recogidas en su libro Gatos sin fronteras, sobre cuáles son los pasos que hay que dar para que un gato trague una pastilla. Espero que os saque una sonrisa como a mí. 

1- Coger el gato en vuestros brazos como un bebé. Poner el índice y el pulgar derecho a ambos lados de su boca y con cuidado aplicar presión en los carrillos mientras sujetáis la pastilla en la mano izquierda. Según abra la boca, meter la pastilla rápidamente y dejar que el gato cierre la boca y se la trague. 
2- Recoger la pastilla del suelo y el gato de detrás del sofá. Repetir el proceso inicial.
3- Coger al gato de debajo de la cama y tirar la pastilla lamida. 
4- Coger una nueva pastilla y al gato con el brazo izquierdo sujetando las patas traseras fuertemente con la mano izquierda. Forzar a que abra sus mandíbulas y empujar la pastilla al fondo de su boca con el índice derecho. Mantenerle la boca cerrada diez segundos. 
5- Recoger la pastilla de la pecera y al gato de encima del armario. Buscar ayuda de otra persona. 
6- Arrodillarse en el suelo con el gato atrapado entre vuestras rodillas. Sujetarle las cuatro patas firmemente, ignorando sus gruñidos. La otra persona debe sujetarle la cabeza firmemente e introducir una regla de madera en la boca del gato. Soltar la pastilla a lo largo de la regla y agarrar al gato del cuello para que trague. 
7- Coger al gato del rail de las cortinas. Coger otra pastilla y apuntar en la lista de la compra una regla y unas cortinas. Barrer los cristales del jarrón que había en la mesa. 
8- Envolver al gato en una toalla dejando sólo su cabeza visible y echaos encima de él. La otra persona pone la pastilla en una pajita y fuerza con un lápiz una apertura en la boca del gato mientras sopla la pajita como una cerbatana. 
9- Comprobar el prospecto para ver que la pastilla no es dañina para los humanos. Beber un vaso de agua para quitarse el mal sabor. Poner una tirita al ayudante en el brazo y limpiar la alfombra de sangre. 
10- Ir a buscar al gato a casa del vecino. Coger otra pastilla. Meter al gato en el armario dejando sólo la cabeza fuera sujeta con la puerta. Abrirle la boca con una cuchara y lanzar la pastilla dentro de su boca con una goma. 
11- Buscar un destornillador para arreglar las bisagras. Ponerse hielo en la mejilla y comprobar cuando fue la última inyección antitetánica. Tirar la camiseta a la basura y coger una nueva del armario. 
12- Llamar a los bomberos para bajar al gato del árbol. Pedir disculpas al vecino que se chocó contra la valla para esquivar al gato. Coger la última pastilla del paquete. 
13- Atarle al gato las cuatro patas a la mesa del comedor. Ponerse los guantes de trabajo. Meter la pastilla al gato dentro de un trozo de filete. Sujetarle la cabeza y echarle medio litro de agua hasta que trague. 
14- Pedir ayuda para ir a urgencias. Esperar mientras nos dan los puntos en dedo y antebrazo y nos quitan los restos de pastilla del ojo. Parar en la tienda de muebles de camino de vuelta a casa para comprar una mesa nueva. 
15- Llamar a la Asociación Protectora de Animales para que busque una casa nueva para el gato… 

20 junio 2012

La venganza de los bolsillos

Erase una vez un bolsillo que, harto de sentir cómo los humanos abusaban de él, decidió tomar cartas en el asunto. Así que fue armario por armario, percha por percha, cajón por cajón, repitiendo la misma proclama:

Queridos compañeros de sufrimiento. ¿No estáis hartos de que os sobrellenen con llaves, móviles, carteras y demás cachivaches pesados? ¿No estáis asqueados de que los humanos os utilicen como toalla para secar sus manos sudorosas o como calefación cuando las tienen congeladas? ¿No os fastidia que os usen como papeleras para acumular todo tipo de papel, en su mayor parte inservible, y que además se olviden de sacarlo cuando os lavan, con el resultado de que os quedáis con más pelo que un gato de angora? ¿No os repatea que os confundan con una hucha y se dediquen a abarrotaros con todo tipo de calderilla? ¿Nos os indigna que os metan bolígrafos que pierden la tinta, chocolatinas que se derriten, caramelos que se quedan sin su envoltura y demás asquerosidades que van en contra de todas las normas internacionales de higiene?
Si os sentís identificados con lo que oís y no estáis dispuestos a aguantar más atropellos, uniros a la ABC, la Asociación de Bolsillos Cabreados. Porque desde la ABC os animamos a revelaros y vengaros por todas las tropelías cometidas contra nosotros. Porque desde la ABC os enseñaremos cómo darles para el pelo a esos humanoides pretenciosos que nos ningunean, cuando en realidad no sabrían vivir sin nosotros. 
Y para ello os proponemos que, a partir de ahora, hagáis desaparecer todo lo que los humanos pongan dentro de vosotros. Se volverán, así, locos buscando esos preciados "tesoros" que acumulan sin orden ni concierto. Se desesperarán, se tirarán de los pelos, se darán cuenta de que con nosotros no se juega. Hasta que, finalmente, recuperemos nuestro lugar en el mundo, nuestra dignidad, nuestro orgullo. A partir de ahora la lucha comienza.

Y todos los bolsillos de pantalones, faldas, camisas y demás prendas de vestir despertaron de su letargo, dándose cuenta de que ese bolsillo tenía razón, de que todos habían estado viviendo las mismas injusticias, una y otra vez, y de que todos juntos podrían cambiar el curso de los acontecimientos. Luego, poco a poco y con el tiempo, el ardor guerrero fue desapareciendo y los bolsillos comenzaron a caer en el mismo sopor de antaño. Pero aún, de cuando en cuando, queda algún rebelde que lucha contra la opresión y cuando eso pasa, los humanos no encontramos en los bolsillos lo que te juro que lo puse ahí dónde narices se puede haber metido, que necesito esos 20€ para llegar a fin de mes.