14 septiembre 2008

La soledad es noctámbula

La soledad es noctámbula y sufre de anuptafobia, que es el miedo a estar solo, o de autofobia, que es el miedo a la soledad. La soledad se teme, no se quiere quedar consigo misma, así que va tocando de puerta en puerta, como los Testigos de Jehová, a ver si convence a alguien para que se una a ella.

Lo malo es que la puñetera es muy buena y tiene varios clientes fijos y muchos más variables. Y el mismo encanto de Jan Erick Olsson, atracador y secuestrador que dio origen al “Síndrome de Estocolmo”. La soledad te hace daño, te priva de la energía, de la alegría y de todo lo que acaba en ía en tu vida y a cambio tú la defiendes y la mimas como si fuera tu protegida.

Esta noche la soledad vino a visitarme. Debe de agradarle mi compañía porque lleva ya unos meses haciéndolo. Pero hoy ha cogido el toro por los cuernos, se ha puesto sus mejores galas y ha venido a quemar todos sus cartuchos. Me pilló con la defensa baja y fuera de mi territorio. No estaba la familiaridad de mi habitación ni la aturdidora pero salvadora televisión, así que recurrí a mi última baza; el paseo en coche y una última parada en el paseo marítimo para ver cómo las olas se ensañaban con las rocas.

La soledad se me adelantó. Cuando llegué ya estaba allí. Ocupada. Halagaba los oídos de un señor de unos cincuenta años, con pantalones vaqueros, chaqueta de traje verde, calvo, moreno y con bigote, a 20 metros de una botella de cerveza de litro y el baile de san vito que le impedía quedarse quieto más de un segundo. El hombre intentó huir, cogió el móvil y llamó. No le funcionó y por cobarde o por respetuosa arranqué el coche y me fui para dejarles intimidad. El hombre me miró. Una mirada vacía del que ya no quiere luchar y se deja llevar. No quiero que se lo lleve pero me alivia saber que se enfocó en otra persona. Al menos por esta noche. Mañana ya veremos.

07 enero 2007

Fiestas patrias

Tras un amplio paréntesis vuelvo a asomarme a mi diario, que de diario no tiene ni el nombre. Termino el periodo navideño volviendo a Chile, a Santiago, al calor infernal, a la rutina diaria y a mi segunda familia.


Me quedé en las fiestas patrias que se celebran el 18 y el 19 de septiembre. Son días de asados, de tragos, de reuniones con familia y amigos y de bailar cueca hasta la saciedad. Poniéndome en plan histórico os contaré que el 18 de septiembre no es el día de la independencia de Chile, como muchos creen (eso fue el 12 de febrero de 1818). Lo que se celebra es el 18 de septiembre de 1810. ¿Qué pasó en esa fecha para que se celebre? Pues algo mucho extraño para ser celebrado. Las colonias españolas empezaron a independizarse y Chile no fue menos. Primero fue la subida de impuestos para financiar a los borbones lo que crispó los ánimos por estas tierras, pero la gota que colmó el vaso fue la invasión napoleónica a España. A los chilenos no les gustó nada, así que crearon una junta para decidir que tipo de gobierno debía crearse en Chile para guardar la tierra hasta que volviera Fernando VII al poder. Esto ocurrió el 18 de septiembre y eso es lo que se celebra. Raro, que duda cabe. Lo del 19 de septiembre es otro cantar. con la creación de la junta se creo el primer Ejército Nacional de Chile con el objetivo de obtener la independencia e identidad de Chile. Como reconocimiento a su labor se creo el "Día de las glorias del Ejército" y se eligió el 19 de septiembre por ser el primer día (de 1810) en el que Chile se consideró un país libre. 



Tras esta perorata histórica os contaré la realidad. La realidad es que es el día en el que todo el mundo saca la bandera de Chile a la calle. En el que predominan los asados, las empanadas de pino (carne con cebolla, huevo y una aceituna), los choripán, la bebida a diestro y siniestro y los bailes.


En el centro no íbamos a ser menos así que adelantamos la celebración y el 15 de septiembre organizamos un asado para todos. Como podéis ver la comida tenía una pinta increíble. Y estaba de vicio. Tras la comida, en la que todos aportamos algo (yo tortilla de patata, como mandan los cánones) empezó la música y un par de compañeros se pusieron a bailar cueca. Es un baile tradicional que se baila enarbolando un pañuelo blanco y que representa el cortejo de un gallo a una polluela.













24 septiembre 2006

Restaurantes


Comer en Santiago es muy barato para los españoles y más si lo comparas con los precios de España. Siempre como fuera porque no me da tiempo a ir a casa, hacerme la comida y volver. Las ensaladas del griego Wayn's están muy ricas y son económicas. Otra opción es el Arcano, que tiene un menú que está bastante bueno por dos mil pesos (unos 3 euros) , los completos (una especie de perritos calientes con condimento) de Providencia o las empanadas de pino (carne, huevo, cebolla y aceituna negra) de La Latina, en el mercado de Providencia. Pero de cuando en cuando me estiro y pruebo restaurantes distintos y un poco más caros. Está muy bien la pasta de L'Olio Santo (que también tiene menú a 2.500 pesos), el ají de gallina, el cebiche o la corvina a lo macho del peruano Barandiarán (en la foto), el carpaccio de salmón de El Patio.


Más lejos, en el metro Unión Latinoamericana, está El Hoyo, un restaurante típico chileno al que El Conductor me llevó a comer Pichanga y a tomar terremoto. La pichanga es un plato que tiene jamón frío, lengua cocida, huevo, aceitunas, queso de cabra y mortadela. O sea, que no fue de mi gusto. Otra opción es el lomo a lo pobre. Aquí cuando una comida es a lo pobre es que está acompañada de una cantidad increíble de patatas fritas, cebolla frita y dos huevos fritos. Una bomba para el colesterol. El Conductor se pidió una réplica de terremoto, que es más pequeño que el terremoto. Es una bebida hecha con vino blanco turbio y helado de piña.