07 enero 2013

Vuelta al instituto con La familia de Pascual Duarte

Hasta que no me remita el resfriado, éste es el último libro que me leo. Por ahora. 

La familia de Pascual Duarte es un libro que siempre he visto en casa de mis padres y de mis abuelos, al igual que La Colmena y La Cruz de San Andrés pero que nunca había leído. La Colmena la leí, como casi toda la gente de mi generación, para clase de literatura en 2º o 3º de BUP y me encantó. Me gustó la atmósfera que se respiraba, la forma de hablar de los protagonistas, las historias tan mundanas... Así que, ¿por qué no me había leído nunca La familia de Pascual Duarte? Pues básicamente porque a mi madre no le gusta. En principio no debiera de ser un motivo, porque cada uno tiene sus gustos y no debe enterrarlos para adquirir los de los demás, pero en este caso la he oído decir tantas veces: "puff, no me gusta nada ese libro" que nunca había sentido la picazón de abrirlo y de ver qué era lo que no le gustaba. 

No sé si todo esto pasaba por mi subconsciente cuando lo cogí en la biblioteca pero el caso es que lo vi allí, tan pequeñito, tan ajado y escondido que no pude dejar de llevármelo a casa. No es el libro que más me ha gustado ni de todos los que he leído en mi vida ni tan siquiera de los que he leído de Camilo José Cela (me sigo quedando con La Colmena), pero entiendo su importancia tanto temática como estilística y lo que supuso en su momento en la literatura española (no por nada fue el precursor del espectacular Los santos inocentes). Pese a todo, le cogí cariño a Pascual. Con sus miserias, sus brutezas, sus bondades y sus ansias de tener algo mejor. Me resultó interesante leerlo.

06 enero 2013

Juntos, nada más

Atrapada una tarde en Valladolid, en una casa ruinosa, con los recuerdos deslizándose por las paredes, con el frío invadiéndolo todo, con la soledad aplastándome, no pude hacer otra cosa que escapar. Con Camille, con Philibert, con Franck y Paulette, con Juntos, nada más a un París distinto del que conozco. Del que recuerdo. 

Me fascina la forma que tiene de escribir Gavalda, tan... sencilla. Iba a decir fácil, porque lo parece, pero al menos para mí no es nada fácil escribirasí. Quizás el final es demasiado perfecto, pero ¡qué demonios!, no pasa nada por soñar un poco con que las cosas salgan bien en un contexto en el que parece que todo va mal. 

¿De qué va la historia? Vamos a leer la contraportada: 


Camille Fauque tiene 26 años, dibuja de maravilla, pero no tiene fuerza para hacerlo. Frágil y desorientada, malvive en una buhardilla y parece esmerarse en desaparecer: apenas come, limpia oficinas de noche, y su relación con el mundo es casi agonizante. Philibert Marquet, su vecino, vive en un apartamento enorme del que p odría ser desalojado; es tartamudo, un caballero a la antigua que vende postales en un museo, y el casero de Franck Lestafier. Cocinero de un gran restaurante, Franck es mujeriego y malhablado, casi vulgar, lo cual irrita a la única persona que le ha querido, su abuela Paulette, que a sus 83 años se deja morir en un asilo añorando su hogar y las visitas de su nieto. Cuatro supervivientes, cuatro personajes magullados por la vida, cuyo encuentro va a salvarlos de un naufragio anunciado. La relación que se establece entre estos perdedores de corazón puro es de una riqueza inaudita, tendrán que aprender a conocerse para lograr el milagro de la convivencia. Juntos, nada más es una historia viva, con un ritmo suspendido en el aire, llena de esos minúsculos dramas personales que seducen por su sencillez, su sinceridad y su inconmensurable humanidad.

Al igual que con La delicadeza, me quedé con ganas de más. Tanto que me conseguí la película que hizo Claude Berri con Audrey Tautou (que sí, que muy mona ella, con mucha fragilidad y languidez, pero ¿es que no hay más actrices francesas en el mundo, que Tautou tiene que estar como el perejil, en todas las salsas?). A los 3 minutos de película me acordé de la decepción de La delicadeza y tuve el buen tino de dejar de verla.  



Mañana, sí que sí, me pongo a estudiar.

05 enero 2013

Criaturas de la noche o el hermano malvado de Pepito Grillo

El proceso es el siguiente: Voy a la biblioteca con la intención de devolver unos libros y claro, me encuentro con decenas de estanterías repletas de volúmenes de colores, que me tientan y me prometen momentos maravillosos. Intento resistirme, pero a quién voy a engañar, al final no puedo contra ellos y sucumbo. Normalmente tres veces cada vez que voy. 

No había oído hablar en mi vida del argentino Lázaro Covedlo, pero Criaturas de la noche estaba publicada por la editorial Acantilado, que tiene cosas diferentes e interesantes, así que lo cogí. Bueno, por eso y porque había ganado el Premio Café Gijón, por qué no decirlo, qué también me influye.




Es una fábula corta y bastante sorprendente, donde se cuenta la historia de un don nadie venido a menos, Dionisio Kauffman, al que una buena noche se le instala una pulga parlante en su oído. A partir de ahí su vida se convierte en una montaña rusa, porque las directrices que la pulga le da le hacen conseguir el éxito personal y profesional, pero también le llevan por el camino de la perversión y la depravación. Todo bastante kafkiano y decadente.