10 agosto 2012

Lo olvidé de tanto escucharlo

Esta mañana, viniendo para el trabajo he escuchado un Remix con canciones del año de la polca que, a pesar de haber escuchado machaconamente, en su día, durante semanas, e incluso meses, había relegado al fondo del armario que es mi memoria. Así que decidí hacer un proceso de rememoración y sacar de entre la bruma del olvido, algunas de esas canciones y grupos que eran la caña en el periodo de mi adolescencia, pero que pronto cayeron en el olvido. 

1.- 4 Non Blondes - What's up



2.- Spin Doctors - Two Princes


3.- Natalie Imbruglia - Torn


4.- DJ Kun - Ponle Sabor


5.- Viceversa - Ella


6.- Kriss Kross - Jump


7.- Australian Blonde - Chup Chup


8.- Tasmin Archer - Sleeping Satellite


9.- Eiffel 65 - Blue



10.- The Cardigans - My favorite game


11.- Big Fun - Blame it on the boogie (ni el grupo ni la interpretación de esta canción son para tirar cohetes, de hecho son muy malos, pero la coreografía no tiene desperdicio).


12.- Javier Álvarez - La edad del porvenir
13.- Big Mountain - Baby, I love your way


13.- Ace of base - Don't turn around


14.- Los limones - El canto de la sirena


15.- Crowded House - Weather with you



16.- Nek - Laura no está


17.- Molotov - Gimme tha power


18.- Hooverphonic - Mad about you


19.- Andru Donalds - Mishale


20.- Melopea - Bajo el sol (como el grupo es cántabro, en Cantabria se escuchaba por todos los lados, pero no sé si fue muy oída la canción en el resto de España. La letra horrible y machista a más no poder).


08 agosto 2012

Cómo darle una pastilla a un gato

Cada vez que Ojos Amarillos me dice que tengo que darle una pastilla a Calcetines me pongo a temblar. Y es que pocas cosas hay más complicadas que hacer que Calcetines se trague una pastilla. ¡Qué digo que se trague! Que se acerque a ella. Parece que las huele (seguro que sí) y da igual lo que haga o cómo las camufle que él sigue en sus trece. Por alguna extraña razón tendemos a sentirnos especiales, tocados por algo divino o vete tú a saber qué. Creemos que las cosas sólo nos pasan a nosotros y tendemos a sentir una mezcla de satisfacción por nuestra unicidad y de vergüenza por creernos raros.

Bueno, el caso es que yo pensé que eso sólo me pasaba a mí o más bien a Calcetines. Lo de la pastilla, no lo del egocentrismo. Nada más lejos de la realidad y para muestra estas recomendaciones de Antonio Burgos recogidas en su libro Gatos sin fronteras, sobre cuáles son los pasos que hay que dar para que un gato trague una pastilla. Espero que os saque una sonrisa como a mí. 

1- Coger el gato en vuestros brazos como un bebé. Poner el índice y el pulgar derecho a ambos lados de su boca y con cuidado aplicar presión en los carrillos mientras sujetáis la pastilla en la mano izquierda. Según abra la boca, meter la pastilla rápidamente y dejar que el gato cierre la boca y se la trague. 
2- Recoger la pastilla del suelo y el gato de detrás del sofá. Repetir el proceso inicial.
3- Coger al gato de debajo de la cama y tirar la pastilla lamida. 
4- Coger una nueva pastilla y al gato con el brazo izquierdo sujetando las patas traseras fuertemente con la mano izquierda. Forzar a que abra sus mandíbulas y empujar la pastilla al fondo de su boca con el índice derecho. Mantenerle la boca cerrada diez segundos. 
5- Recoger la pastilla de la pecera y al gato de encima del armario. Buscar ayuda de otra persona. 
6- Arrodillarse en el suelo con el gato atrapado entre vuestras rodillas. Sujetarle las cuatro patas firmemente, ignorando sus gruñidos. La otra persona debe sujetarle la cabeza firmemente e introducir una regla de madera en la boca del gato. Soltar la pastilla a lo largo de la regla y agarrar al gato del cuello para que trague. 
7- Coger al gato del rail de las cortinas. Coger otra pastilla y apuntar en la lista de la compra una regla y unas cortinas. Barrer los cristales del jarrón que había en la mesa. 
8- Envolver al gato en una toalla dejando sólo su cabeza visible y echaos encima de él. La otra persona pone la pastilla en una pajita y fuerza con un lápiz una apertura en la boca del gato mientras sopla la pajita como una cerbatana. 
9- Comprobar el prospecto para ver que la pastilla no es dañina para los humanos. Beber un vaso de agua para quitarse el mal sabor. Poner una tirita al ayudante en el brazo y limpiar la alfombra de sangre. 
10- Ir a buscar al gato a casa del vecino. Coger otra pastilla. Meter al gato en el armario dejando sólo la cabeza fuera sujeta con la puerta. Abrirle la boca con una cuchara y lanzar la pastilla dentro de su boca con una goma. 
11- Buscar un destornillador para arreglar las bisagras. Ponerse hielo en la mejilla y comprobar cuando fue la última inyección antitetánica. Tirar la camiseta a la basura y coger una nueva del armario. 
12- Llamar a los bomberos para bajar al gato del árbol. Pedir disculpas al vecino que se chocó contra la valla para esquivar al gato. Coger la última pastilla del paquete. 
13- Atarle al gato las cuatro patas a la mesa del comedor. Ponerse los guantes de trabajo. Meter la pastilla al gato dentro de un trozo de filete. Sujetarle la cabeza y echarle medio litro de agua hasta que trague. 
14- Pedir ayuda para ir a urgencias. Esperar mientras nos dan los puntos en dedo y antebrazo y nos quitan los restos de pastilla del ojo. Parar en la tienda de muebles de camino de vuelta a casa para comprar una mesa nueva. 
15- Llamar a la Asociación Protectora de Animales para que busque una casa nueva para el gato… 

07 agosto 2012

Reflexiones sobre la almohada - Primera parte

La almohada. Ese objeto cotidiano que puede hacer que nuestra noche de descanso sea todo un placer o un verdadero infierno. Las primeras almohadas (palabra que heredamos del árabe y cuya raíz viene de mejilla), de las que se tiene constancia, fueron encontradas en una tumba del Antiguo Egipto. ¿Y quiénes tenían tumbas donde metían todo el ajuar y alguna cosa más como instrumentos musicales, mascotas, esclavos, etc...? Pues la clase alta. Rica. Noble. Y ésto, que nos puede parecer una cosa ridícula y prehistórica, porque ahora todo el mundo puede "disfrutar" de una almohada, no lo es tanto. 

Por ejemplo. Te vas de vacaciones, a un albergue, hostal u hotel de precio medio y al día siguiente llega la típica pregunta ¿qué tal has dormido? Pues bien, pero la almohada era demasiado alta, baja, dura, blanda... ¿qué puedo decir? Incómoda. Vamos, ¡que he dormido fatal! Te vas de vacaciones, a un hotel de cuatro o cinco estrellas, de los caros, y cuando llegas a la habitación, encima de la mesilla de noche tienes una carta de almohadas (de plumas, de latex, memory foam, antirronquidos, para las cervicales, para embarazadas, hipoalergénica,...)  para que les pidas lo que desees o necesites, porque lo importante no es que duermas sino que descanses. Y además que descanses bien. No hay color. 

Pero además de facilitar nuestro descanso, la almohada tiene innumerables usos entre los que se encuentran los siguientes:


Psicoterapeuta 

¿Tienes un problema? Consúltalo con la almohada. ¿Tienes que tomar una decisión? Consúltalo con la almohada. Y es que la calma y la confianza que nos da nuestra cama, justo en el momento antes de dormir, (o en el que sustituye al dormir, lo que es más habitual en estos casos) es ideal para poder pararnos y pensar concentrados en esa preocupación que nos lleva zumbando en la cabeza todo el día. Pero es que la almohada no me contesta. Pues igualita que un psicoterapeuta. ¿O no dicen que el buen psicólogo no es aquél que te da respuestas sino el que te ayuda a que tú las encuentres? A falta de dinero, buenas son las almohadas para los problemas mentales. 


Paño de lágrimas

Mal de amores, discusiones con pareja, familia o amigos, mal día en el trabajo... Lo habitual no es que digas buaaaaa, que triste que estoyyyy, o que agobiadaaaa, o que injusta es la vidaaaaa sentada en la mesa de la cocina o de pie mirando por la ventana. No, lo normal es que te tires en la cama, te abraces a la almohada y sueltes toda la tristeza/mala leche/agobio en forma líquida. Si lloras en su justa medida te quedas con un alivio y un desahogo increíble. Si te pasas, te quedas con un dolor de cabeza que no ves el momento de que te traigan un paracetamol mientras tú te aferras a tu almohada como si fuera una boya en el mar. 


Novio

Tu pareja no está, o no tienes pareja. Te metes en la cama, grande, pequeña, mediana, da lo mismo, y te sientes sola. Necesitas compañía, necesitas sentir un cuerpo caliente al lado tuyo y no tienes perro, ni gato (yo no me quejo que tengo a calcetines que a veces hace, incluso, las veces de almohada) y lo de abrazar a un peluche te da hasta vergüenza con tu edad, así que echas mano de la almohada. Es blandita, es caliente, no se mueve, ni se queja porque se le duerme el brazo, le puedes poner el olor que más te guste (no devuelve el abrazo, ni acaricia, ni te habla, ni te dice cosas bonitas, pero no nos vamos tampoco a poner exquisitos)... Es la almohada novio. La de la foto es profesional, pero una normalita también cumple su cometido.  


Juego

¡¡Guerra de almohadaaaaaas!! ¡Zas! Y ahí empiezan las risas, el jolgorio, la estrategia, los golpes, el dolor, el engaño... Y a mí siempre me han dado envidia esas batallas campales con almohadas de plumas donde, al final, una de las almohadas se rompe y todas las plumas salen volando como copos de nieve. Hermana Lamb, ¿te hace una guerra de almohadas? Ni se os ocurra, se oye la voz de mi madre desde vete tú a saber dónde. ¿Tú sabes cuánto vale una almohada de plumas? ¿No? Pues un ojo de la cara. Y además, como las rompáis yo no pienso recoger las plumas. ¿Me habéis oído? Sí, mamá.


Calefactor

El ser humano pierde calor por la cabeza. El pelo da calor. Cuanto más pelo, más calor. Esos son hechos universales. Yo desearía que existiera una almohada con ventilación incorporada (aunque creo que ya está inventada y se llama chillow, pero vete tú a saber dónde se compra eso), porque yo me paso todo el verano y parte del invierno tratando a la almohada como si fuera una tortilla. Almohada caliente, la doy la vuelta. Almohada caliente, la doy la vuelta. Todo el tiempo buscando el lado frío. Un sinvivir. Y ya no hablo de la gente que suda por la cabeza y deja la almohada como si fuera un lago, porque eso, a parte de ser incómodo, debe ser desagradable a más no poder.



Acupuntura

¡Oh! Yo quiero una almohada de plumas, que es muy elegante y tiene pinta de ser muy blandita y cómoda. Hola, buenas, querría una almohada de plumas. ¿De plumas o de plumón? ¿Cuál es la diferencia? El plumón viene del pecho de las ocas, es más suave, más ligero, de más calidad. ¡Ah! Pues de eso, de plumón. Perdone, este número de aquí qué es, ¿la referencia? ¿Cómo que el precio? Pero que son ¿ocas con pedigrí o qué? Bueno, mejor deme la de plumas, que seguro que a parte de en el bolsillo no notaré la diferencia. ¡Ja! Te echas a dormir en tu superalmohada de plumas recién estrenada y de pronto notas un pinchazo en la nuca. ¿Me ha picado un mosquito? No me lo puedo creer, si estamos en noviembre. Vaya mierda lo del cambio climático. Pues no, es el cálamo de la pluma que se ha salido por entre la tela (para los curiosos deciros que el cálamo es la parte dura con la que se escribía antes) y está dispuesta a estropearte el placer, el descanso y el sueño. 

Hay almohadas para todos los gustos y cada persona tiene el suyo propio, por eso nunca he entendido cómo hay gente que duerme con esas almohadas de cama de matrimonio kilométricas, que no se pueden abrazar, ni achuchar, ni mover, ni adaptar a tu cuerpo, ni nada porque si no molestan al acompañante del sueño. Lo dicho. Incomprensible.

Hay mil cosas que contar sobre la almohada, pero como esto se está haciendo muy largo lo dejo para otro día. ¡Dulces sueños!